sábado, 5 de julio de 2014

ARGENTINA: La primavera de los Silencios - Una laguna de soja - (Video Completo)

Esta serie aborda realidades excluidas y silenciadas por las prácticas de la agricultura industrial. Isleños cercados por la soja; productores de durazno frente a la extinción de su actividad; campesinos que resisten el desmonte y otros desplazados hacia la ciudad, construyen una trama posible para repensar las políticas agrarias en Argentina.


El primer capítulo está dedicado a la extensión de la frontera de la soja a lugares inimaginables, como el delta del Paraná. Una empresa holandesa tiene sembrada de soja una extensión de aproximadamente 10.000 hectáreas, lindante con un caserío de isleños que viven en el lugar desde hace más de cincuenta años.


La historia de la familia, las fumigaciones, el rellenado de riachos, la construcción de muros de contención de agua en las crecidas, efectos sobre la fauna y el medio ambiente. La no intervención de los gobiernos provinciales.



Declaración Final Seminario sobre Ley de Semillas

coorganizado por Rapal&Maela

En la ciudad de Resistencia, provincia de Chaco, las organizaciones firmantes y otras organizaciones de la agricultura familiar, campesinas e indígenas, funcionarios del estado local, miembros de universidades y organizaciones civiles que participamos del Seminario “Hacia una Ley de Semillas desde y para la Agricultura Familiar Campesina, Indígena, Agroecológica” , realizado el 28 y 29 de mayo de 2014, convocados por MAELA – Movimiento Agroecológico de Latinoamerica y RAPAL – Red de Acción contra los Plaguicidas de América Latina, donde se analizaron y discutieron los anteproyectos de ley sobre el pantentamiento de semillas, declaramos que:

Teniendo en cuenta:

· Que las semillas constituyen la base de Soberanía Alimentaria, es decir el derecho de los pueblos a elegir que, como y quienes producen los alimentos.

· Que los consumidores, no pueden diferenciar el origen de la producción agroecológica de aquella proveniente de la producción convencional con base en agrotóxicos y transgénicos y que no se conocen las implicancias de estos en el consumo de alimentos, ni se tiene la posibilidad de elegir.

· Que no existen barreras a la contaminación proveniente de las pulverizaciones con agrotóxicos y la proveniente de polinizaciones con material transgénico.

Decimos:

· No al patentamiento de las semillas porque pone en riesgo la alimentación de los pueblos, es antiético y genera dependencia.

· No al anteproyecto de ley presentada por el INASE al poder ejecutivo con vistas a ser presentado en el Congreso porque no considera las necesidades, los valores y vulnera derechos de los productores familiares.

Proponemos:

· Que en toda norma que contemple investigación, uso y cultivo de semillas se debe utilizar el principio precautorio.

· Que las Semillas posean protección pública y sean consideradas patrimonio común de los pueblos.

· Que se considere delito a la contaminación con transgénicos.

· Que se asegure el cultivo de las semillas criollas y su multiplicación para la soberanía alimentaria.

· Que se trabaje en la construcción de políticas que acompañen los procesos de las organizaciones de productores en la recuperación de conocimiento, para la conservación, producción e intercambio de semillas nativas y criollas, con apoyo técnico y económico para que las semillas se instalen y perduren en cada comunidad teniendo en cuenta su historia, su cultura y sus características particulares, según la región.

· Que se considere a las semillas criollas y nativas como ejes estratégicos en la soberanía del país.

· Que se ponga en práctica el convenio169, que exige la consulta a pueblos originarios cuando se afecta sus derechos, antes del tratamiento de la ley.

Los invitamos a:

· Continuar con la realización de las ferias de semillas a nivel local, provincial y nacional.

· Realizar una campaña de comunicación.

· Replicar las luchas desde las redes.

· Promover la actitud crítica en los agricultores y sus organizaciones con relación a nuestras producciones y formas de vida.

· Realizar una Consulta Popular sobre la nueva ley.

Resistencia, 29 de Mayo de 2014



AABDA, ACAMPA, APF Cañuelas, APF Lujan, APROBA, Atyñeyehyro, AZCAM, APPO, APPCH, Be Pe, CANPO Chaco, CEDEPO, CETAAR, Cooperativa Cañuelas, Cooperativa CREO, Familias Semilleras de Montecarlo, Grupo Agroecologico Las Tres Colonias, INCUPO, Kaa Bera, Movimiento Semillero de Misiones, REDAF RAOM,


jueves, 8 de mayo de 2014

México: El TLC, devastador para el agro, alerta investigadora en Alemania

  • La bióloga Elena Álvarez Buylla fue invitada a un simposio sobre los efectos del acuerdo
  • Se importó maíz híbrido y los hogares dejaron de consumir variedades criollas, con altas propiedades anticancerígenas, dice
  • Trasnacionales pagan a científicos a modo, afirma ONG
Foto

Eva Usi - Especial para La Jornada - Periódico La Jornada
Miércoles 7 de mayo de 2014, p. 2
Berlín, 6 de mayo.

La bióloga Elena Álvarez Buylla, investigadora del Instituto de Ecología de la UNAM, fue invitada por la organización TEST Biotech, con sede en Munich, para presentar ante parlamentarios alemanes y distintas organizaciones civiles las consecuencias que ha tenido para México el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá, que cumplió el pasado primero de enero 20 años de haber sido suscrito.

La experiencia de México fue tomada como ejemplo de lo que podría suceder en Europa de firmar la Unión Europea un Tratado de Libre Comercio Trasatlántico (TTIP) con Estados Unidos, que se negocia a puerta cerrada desde el año pasado.

Ante la Puerta de Brandenburgo y a un lado de la embajada de Estados Unidos, unas 60 organizaciones ecologistas, campesinas y de derechos civiles exhortaron a la sociedad civil a no dejarse engañar por las promesas que hacen los políticos europeos cuando aseguran que dicho acuerdo dará un impulso económico y habrá más empleo como resultado de la reducción de aranceles.

También instaron a la población a votar en las elecciones al Parlamento Europeo el próximo 25 de mayo por aquellos partidos que advierten sobre las consecuencias que tendrán lugar de entrar en vigor el TTIP: abrirá la puerta a los productos estadunidenses genéticamente manipulados, destruirá la cultura industrial del continente y reducirá masivamente la protección laboral, medioambiental y del consumidor.

Álvarez Buylla destacó que a partir de 2008 se liberó la posibilidad de incluir en el TLC los alimentos básicos, incluyendo el maíz y el frijol, lo que provocó un éxodo masivo de campesinos y pequeños productores que abandonaron sus tierras de cultivo. México pasó de ser autosuficiente y exportador en la producción de maíz, el cereal que más se produce a escala mundial, a ser importador. En ese año el país importó 7 millones de toneladas de maíz de baja calidad de Estados Unidos.

“El precio del maíz disminuyó en 59 por ciento y es ridículamente bajo, lo que se tradujo en dumping, una gran cantidad de maíz de baja calidad y a muy bajo precio fue sustituyendo el maíz de alta calidad mexicano producido por los pequeños productores. El maíz híbrido importado inundó no sólo los mercados industriales, sino llegó incluso a los hogares de los mexicanos que estaban acostumbrados a consumir el maíz nativo, el maíz criollo, que tiene altos contenidos de nutrientes, de fibra y de proteínas. Son anticancerígenos porque tienen altas cantidades de antioxidantes”, señaló.

La investigadora lamentó que los argumentos científicos poca influencia tienen sobre las políticas del gobierno mexicano. La capacidad de cabildeo, por grandes cantidades de dinero, que tienen detrás a los intereses económicos de grandes empresas trasnacionales, está impactando de manera muy preocupante sobre las decisiones del gobierno mexicano, dijo.

Expansión de OGM

Christoph Then, director de TEST Biotech, organización que analiza los permisos otorgados por la Unión Europea a la importación de plantas modificadas genéticamente, destacó que la invitación a la investigadora mexicana responde al interés de la organización por fortalecer la experiencia científica independiente de la industria.

En Europa, en Estados Unidos y en otros países los grandes consorcios contratan a científicos y les pagan para que formulen argumentos que se adecuen a sus intereses. Nosotros buscamos a aquellos investigadores que se mantienen independientes de la industria y llevan a la opinión pública sus resultados, dijo Tech.

TEST Biotech convocó a un simposio este 7 de mayo, en el que participará Álvarez Buylla, junto con otros investigadores, que analizará la expansión sin control de cultivos de maíz, algodón, arroz y otros productos básicos genéticamente manipulados, que contaminan a numerosas regiones y suponen una amenaza para la diversidad biológica.

La organización denuncia que las autoridades europeas no tienen un control efectivo y eso se debe a que los expertos tienen una cercanía muy comprometedora con la industria y los grandes consorcios. En el simposio se discutirá con diputados del Parlamento alemán.

Fuente: Periódico La Jornada - México



miércoles, 23 de octubre de 2013

Argentina: mal uso de los agroquímicos provoca problemas de salud

El boom de la soja en la Argentina, el principal producto de exportación del país, está relacionado con el uso de semillas transgénicas. La mala aplicación de herbicidas y pesticidas trae consecuencias sobre algunos sectores de la población rural

El peón de campo Fabián Tomasi no estaba entrenado para usar pesticidas. Tenía que llenar los tanques de los rociadores lo más rápido posible para que siguiesen fumigando, lo que frecuentemente implicaba ducharse en sustancias tóxicas. Hoy, a los 47 años, es un esqueleto en vida y le cuesta salir de su vivienda en la provincia de Entre Ríos.
Argentina
La maestra de escuela Andrea Druetta vive en la provincia de Santa Fe, corazón de la zona de producción de soja argentina y donde está prohibido rociar agroquímicos a menos de 500 metros de las zonas pobladas. Pero se siembra y fumiga soja a 30 metros de su casa y sus hijos fueron rociados con veneno mientras nadaban en su piscina.

Luego del fallecimiento de su bebé recién nacido por una falla renal, Sofía Gatica hizo una denuncia que dio lugar a la primera condena que hubo en Argentina por el uso ilegal de sustancias agroquímicas. El veredicto del año pasado, no obstante, llegó demasiado tarde para sus 5.300 vecinos de Ituzaingó Anexo. Un estudio del Gobierno encontró niveles alarmantes de contaminación agroquímica en la tierra y en su agua potable, y un 80% de los niños examinados tenía rastros de pesticidas en su sangre.

La biotecnología estadounidense hizo de Argentina el tercer productor mundial de grano de soja, pero el uso de las sustancias químicas que potenciaron ese boom van más allá de los campos de soja, algodón y maíz.

The Associated Press documentó decenas de casos en provincias agricultoras donde se emplean sustancias tóxicas en maneras que no fueron previstas por las regulaciones señaladas por la ciencia o que estuvieran específicamente prohibidas por la ley, y en un contexto de pocos controles estatal. El viento arrastra los tóxicos, que quedan esparcidos en escuelas y viviendas al tiempo que han contaminado fuentes de agua. Los peones del campo manipulan las sustancias sin el equipo protector necesario y la gente almacena agua en contenedores de pesticidas que deberían haber sido destruidos.

Ahora los médicos advierten que el uso descontrolado de pesticidas puede ser la causa de crecientes problemas de salud que vienen experimentando los 12 millones de personas que viven en la vasta región agrícola de Argentina.

En Santa Fe, las tasas de cáncer son entre dos y cuatro veces más altas que el promedio nacional. En el Chaco, los defectos de nacimiento se cuadruplicaron desde que el uso de esta biotecnología aplicada al campo se disparara hace 17 años.

"El cambio en la forma de producir, francamente ha cambiado el perfil de enfermedades", dijo Medardo Ávila Vásquez, pediatra y cofundador de Médicos de Pueblos Fumigados, parte de un creciente movimiento que exige la aplicación de normas seguras en la agricultura. "Nos hizo perder una población bastante sana. Ahora vemos una población con altas tasas de cáncer, niños que nacen con malformaciones y enfermedades que eran muy infrecuentes".

Una nación que supo ser conocida por su ganado alimentado con pasto ha sido transformada, desde 1996, cuando la empresa Monsanto, con sede en Saint Louis, Missouri, convenció a Argentina de que la adopción de sus semillas y sustancias químicas patentadas aumentaría las cosechas y reduciría el uso de pesticidas. Hoy, toda la cosecha de soja y casi toda la producción de maíz y algodón están modificadas genéticamente. Las áreas de cultivo de soja se triplicaron y ahora abarcan 19 millones de hectáreas.

El uso de los pesticidas bajó al principio, pero luego repuntó y se multiplicó por nueve. De los 34 millones de litros de 1990 se pasó a casi 317 millones en la actualidad, a medida que los agricultores aumentaban sus cultivos, hasta un máximo de tres cosechas al año, mientras las pestes se hacían más resistentes a las sustancias.

En general, los agricultores argentinos aplican un estimado de 4,3 libras de agroquímicos por hectárea, más del doble de lo que usan los estadounidenses, de acuerdo con un análisis de la AP de datos del Gobierno y de la industria de los pesticidas.

El glifosato, componente clave de los pesticidas Roundup de Monsanto, es una de las sustancias químicas más usadas y menos tóxicas del mundo para eliminar la maleza. Es segura si se aplica debidamente, según muchas agencias reguladoras, incluidas las de Estados Unidos y Europa.

El pasado primero de mayo, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos aumentó el nivel aceptable de residuos de glifosato en alimentos tras llegar a la conclusión, basada en estudios presentados por la empresa, de que "hay una certeza razonable de que no causará perjuicios en la población en general ni en los bebés y niños por su exposición acumulada".

Argentina adoptó el modelo de Monsanto, pero la aplicación de las normas de seguridad varía, ya que en la regulación de la agricultura priman las 23 provincias, que tienen distintas normativas. El rociado está prohibido a menos de tres kilómetros de las zonas pobladas en algunas provincias, pero es permitido a 50 metros en otras. Un tercio de las entidades territoriales no prevén límite alguno y la mayoría no tiene políticas detalladas de cumplimiento de las normas.

Una ley nacional obliga a quienes aplican sustancias químicas que puedan amenazar la salud a adoptar "medidas eficaces para impedir la generalizada degradación del ambiente, sin importar costos o consecuencias". Pero la ley nunca se aplicó a la agricultura, según comprobó la Auditoría General de la Nación el año pasado.

En respuesta a numerosas denuncias, la presidente Cristina Fernández de Kirchner creó, en 2009, una comisión para que investigara a fondo la aspersión de agroquímicos. Esa comisión hizo público un informe de avance en septiembre del mismo año que dice que "es necesaria la ejecución sostenida en el tiempo de controles sistemáticos de concentraciones del herbicida y compuestos de degradación, como de estudios exhaustivos de laboratorio y de campo, que involucren a los formulados que contengan glifosato, como así también su(s) interacción(es) con otros agroquímicos, bajo las condiciones actuales de uso en nuestro país". La comisión, sin embargo, no se ha reunido desde 2010, según la Auditoría General.

Funcionarios del Gobierno insisten en que el problema no es la falta de investigación, sino la mala información que recibe la población.

"He leído infinidad de documentos, encuestas, videos en contra de la biotecnología, artículos en medios, en los universidades, tanto en Argentina como en Gran Bretaña, y realmente quienes leen todo esto se encuentran en una ensalada (se marean) y terminamos confundidos", dijo el ministro de Agricultura, Lorenzo Basso. "Creo que tenemos que repartir el compromiso de Argentina como productor de alimentos. Si no nos posicionamos en este principio, empezamos a cuestionar cuál es el modelo argentino".

En una declaración escrita, Monsanto dijo que "no aprueba el mal uso que se haga de los pesticidas o la violación de cualquier ley sobre el uso de plaguicidas, reglamentos o decisiones judiciales" que al respecto se hayan promulgado.

"Monsanto toma muy en serio la administración de los productos y nos comunicamos regularmente con nuestros clientes con respecto al uso adecuado de nuestros productos", dijo a la AP Thomas Helscher, vocero de Monsanto.

Modelo Monsanto

 Argentina fue uno de los primeros países en adoptar el nuevo modelo de la agricultura biotecnológica promovido por Monsanto y otras empresas agrícolas estadounidenses.

En lugar de rotar la tierra abonada y rociarla de pesticidas, para luego esperar que las sustancias tóxicas se dispersen antes de plantar, los agricultoras hacen la "siembra directa" y luego rocían la zona sin dañar las cosechas que han sido modificadas genéticamente para que puedan tolerar determinadas sustancias químicas.

La siembra directa requiere mucho menos tiempo y dinero y permite al agricultor hacer más cosechas y cultivar incluso en tierras que antes eran consideradas poco rentables.

Las pestes, no obstante, se hacen resistentes de manera más rápida, sobre todo cuando se aplican las mismas sustancias químicas a cultivos modificados genéticamente en gran escala.


Por eso es que los agricultores usan glifosato, considerado uno de los herbicidas más seguros del mundo, en concentraciones cada vez más altas y lo mezclan con sustancias mucho más tóxicas, como la 2,4,D, empleada por los militares estadounidenses en lo que se bautizó como el "Agente Naranja" para deforestar las selvas durante la guerra de Vietnam.

En 2006, una división del Ministerio de Agricultura argentino recomendó que las etiquetas advirtieran que el uso de mezclas de glifosato y sustancias más tóxicas debe limitarse a "áreas agrícolas, alejadas de viviendas y centros poblados". Pero la recomendación fue ignorada, según la investigación de la Auditoria General.

El Gobierno cita investigaciones de la industria avaladas por la autoridad ambiental estadounidense, que el primero de mayo dijo que "no hay indicios de que el glifosato sea un químico neurotóxico y no hay necesidad de hacer un estudio" al respecto.

El biólogo molecular Andrés Carrasco, de la Universidad de Buenos Aires, dice que los cócteles químicos son alarmantes, pero que el glifosato por sí solo puede generar trastornos a la salud de los humanos. Comprobó que la inyección de dosis muy bajas de glifosato en embriones de ranas y pollos puede alterar los niveles de ácido retinoico, lo que causa defectos en la columna similares a los que médicos detectan cada vez más en comunidades humanas donde se usan agroquímicos.

El ácido, una especie de vitamina A, es fundamental para combatir el cáncer y desencadenar expresiones genéticas, el proceso por el cual las células embrión se transforman en órganos y miembros.

"Si es posible reproducirlo en el laboratorio, seguramente lo que está pasando en el campo es mucho peor", dijo Carrasco. "Y si es mucho peor, y sospechamos que es, lo que tenemos que hacer es ponerlo bajo una lupa".

Sus hallazgos, publicados en la revista Chemical Research in Toxicology en 2010, fueron rechazados por Monsanto, que dijo que "no sorprenden dada la metodología y los escenarios de exposición irreales".

Monsanto sostuvo, en respuesta a las preguntas de la AP, que los análisis de la seguridad de los químicos deben hacerse únicamente en animales vivos y que la inyección de embriones "es menos confiable y menos relevante en la evaluación de los riesgos para los humanos".

"El glifosato es menos tóxico que el repelente que pones en la piel de los chicos", dijo Pablo Vaquero, vicepresidente de Monsanto en Argentina y director de asuntos corporativos de la empresa en el Cono Sur. "Dicho esto, habría que tener una hojita de responsabilidad en el buen uso de productos, porque de ninguna manera pondría repelente en la boca de los chicos, y ningún aplicador ambiental debería utilizar un mosquito o un avión fumigador sin darse cuenta de las condiciones ambientales y las amenazas que hay a partir del uso del producto". En los campos, las advertencias son vastamente ignoradas.

Durante tres años Tomasi estuvo expuesto cotidianamente a los químicos al llenar de pesticidas los tanques que se usan para rociar los cultivos. Ahora está al borde de la muerte, víctima de una polineuropatía, una enfermedad neurológica que lo tiene sin fuerza, marchito.

"Preparaba millones de litros veneno sin ningún tipo de protección, como guantes, máscaras o vestimenta especial", dijo. "No sabía nada de esto. Aprendí después de hacer contacto con científicos. Los venenos vienen en bidones, son líquidos concentrados con un montón de precauciones que tomar al momento de aplicarlo". Pero "nadie toma precauciones".

La soja se vende a 500 dólares la tonelada y los agricultores la plantan donde pueden, ignorando a menudo las recomendaciones de Monsanto y las restricciones establecidas en las leyes de las provincias, pues rocían sin avisar a la población, incluso cuando soplan vientos.

En Entre Ríos, los maestros dijeron que no se respeta el límite establecido de no rociar a menos de 50 metros en 18 escuelas y que 11 de esos campos de cultivo fueron fumigados en plena clase. Cinco maestros hicieron denuncias a la policía este año.

La maestra Druetta denunció en Santa Fe que algunos estudiantes se desmayaron cuando los pesticidas entraron a las aulas y que el agua potable de su pueblo de Alvear está contaminada. Dice que la escuela carece de agua purificada y que un vecino mantiene congelados cuerpos de conejos y pájaros que cayeron muertos tras la aspersión con la esperanza de que alguien los estudie.

En la provincia de Buenos Aires está prohibido cargar o preparar equipos para fumigar en áreas pobladas, pero en pueblos como Rawson se rociaron los tóxicos al otro lado de la calle, donde hay viviendas y una escuela, y las sustancias tóxicas que se desbordan fueron a parar a una zanja.

Félix San Román dice que cuando se quejó de las nubes de sustancias químicas que llegan a su casa, los rociadores le dieron una golpiza que rompió su columna y algunos dientes. Afirmó que hizo una denuncia en 2011, que fue ignorada.

"Este es un pueblo chiquito donde nadie se enfrenta con nadie y las autoridades hacen la vista gorda", dijo San Román. "Sólo quiero que se aplique la ley existente, que dice que no se puede hacer esto adentro (a menos de) 1.500 metros. Nadie la respeta".

A veces hasta las órdenes judiciales son ignoradas. En enero, el activista Oscar di Vincensi se plantó frente a un tractor en un campo aledaño a una casa, mostrando un papel con un fallo que impide rociar a menos de 1.000 metros de las viviendas en su pueblo, llamado Alberti. El conductor del tractor lo ignoró y lo roció de pesticida.

 El riesgo en la salud

El doctor Damian Verzenassi, director del programa de Medio Ambiente y Salud de la facultad de medicina de la Universidad Nacional de Rosario, decidió tratar de averiguar el motivo de un aumento en los casos de cáncer, defectos de nacimiento y pérdidas de bebés durante el embarazo en los hospitales de Argentina.

"No fuimos a encontrar problemas de agroquímicos", dijo el médico. "Fuimos a averiguar qué estaba pasando con la gente".

Desde 2010, hizo un estudio epidemiológico casa por casa que incluyó a 65.000 personas en la provincia de Santa Fe y comprobó que las tasas de cáncer son entre dos y cuatro veces el promedio nacional, incluidos el cáncer de pecho, de próstata y de pulmón. También se comprobaron altos índices de trastornos en la tiroides y de problemas respiratorios crónicos.

"Puede estar vinculado con los agrotóxicos", dijo Verzenassi. "Hacen los análisis de toxicidad sobre el primer ingrediente, pero nunca han estudiado las interacciones entre todos los químicos que están aplicando.

La médica María del Carmen Seveso, quien dirige desde hace 33 años las unidades de terapia intensiva y comisiones de ética en hospitales del Chaco, se alarmó al ver que, según certificados de nacimiento, los defectos congénitos de los bebés se habían cuadruplicado, de 19,1 a 85,3 por cada 10.000 nacimientos, desde que se aprobó la siembra de cultivos modificados genéticamente hace una década.

Empeñada en hallar las causas, Seveso y su equipo médico encuestó a 2.051 personas en seis pueblos del Chaco. Comprobó que hay más enfermedades y defectos en los pueblos agrícolas que en pueblos ganaderos. En Avia Terai, el 31% de los consultados dijo tener un familiar que contrajo cáncer en la última década, comparado con el 3% del vecino pueblo ganadero de Charadai.

Al visitar estos poblados rodeados por cultivos, la AP encontró rastros de sustancias químicas en sitios donde se supone que no deberían estar.

Claudia Sariski, cuya casa no tiene agua, dice que no deja que sus mellizas beban el agua almacenada en contenedores donde hubo sustancias químicas que tiene en el patio trasero. Pero sus pollos lo hacen, y ella usa esa agua para lavar la ropa.

"Preparan las semillas y el veneno en sus casas. No se ha tomado conciencia de lo que están haciendo", dijo la agrimensora Katherina Pardo. "Es muy común, tanto en Avia Terai como en pueblos vecinos, que usen los recipientes usados para abastecer de agua la casa. Como no hay agua potable, la gente los usa igual. Son gente muy práctica".

El estudio detectó enfermedades que, según la médica Seveso, antes no eran comunes, como defectos de nacimiento, deformaciones del cerebro, médulas espinales expuestas, ceguera o sordera, lesiones neurológicas, infertilidad y problemas inusuales en la piel.

Aixa Cano, una niña de cinco años, tiene verrugas peludas en todo el cuerpo. Su vecina Camila Verón, de dos años, nació con varios defectos. Los médicos les dijeron a las madres que los agroquímicos podrían ser responsables.

"Me dijeron que fue lo que tomaba, que está en el agua porque tiran mucho veneno acá cerca", dijo la madre de Camila, Silvia Achaval, señalando hacia su hija. "Los que dicen que tirar veneno no tiene efecto... no sé qué sentido tiene, porque allí tiene la prueba".

Es casi imposible demostrar que la exposición a una sustancia química específica puede haber causado el cáncer o defectos de nacimiento en una persona. Pero, al igual que otros médicos, Seveso dice que los resultados en Chaco hacen necesaria una rigurosa investigación del Gobierno.

Su informe de 68 páginas, sin embargo, fue archivado por un año en el Ministerio de Salud del Chaco. Finalmente, se filtró una copia, que fue distribuida por internet. "Hay cosas de las que no se habla, cosas que no se escuchan", dijo Seveso. Los científicos dicen que sólo estudios más amplios, a largo plazo, pueden descartar a los agroquímicos como causantes de estas enfermedades.

"Es por ello que hacemos estudios epidemiológicos de males cardíacos, problemas con el cigarrillo y todo tipo de cosas", dijo Doug Gurian-Sherman, ex regulador de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense que ahora colabora con la Union of Concerned Scientists. "Si tienes indicios que revelan graves problemas de salud, no esperas hasta tener pruebas absolutas para tomar medidas".

jueves, 1 de noviembre de 2012

Argentina: Privatizar las semillas. Controlar la vida

Multinacionales sobre nuestra Soberanía alimentaria


Feria de semillas orgánicas
Por Vivi Benito para EnRedando

Las semillas agrícolas son la base de la soberanía de los pueblos. Su libre intercambio y circulación garantiza la reproducción de la diversidad y de la vida. ¿Qué pasa cuando este patrimonio colectivo de los pueblos queda en manos de empresas transnacionales?; ¿Qué pasa con el derecho a la alimentación? Por estos días la preocupación se extiende por todo el país en el marco de la hermética discusión sobre una nueva Ley de Semillas que profundizaría más aún su control corporativo. enREDando consultó al especialista Carlos Vicente, de la organización GRAIN, quien nos ayuda a encontrar claridad sobre un tema vital y complejo.

“La naturaleza es pródiga. Despilfarra una abundancia admirable para asegurar la continuidad de la especie (…) Ella no ejerce control de calidad sobre cada una de sus semillas. En el ciclo de la vida, la que no germina servirá de alimento para otras especies. Por eso el despilfarro no significa desperdicio. La generosidad es tanta que no hay como concentrar todo en pocas manos. Diariamente se constata: una gran producción sin reparto causa hambre. El monopolio es antinatural”, observa con lucidez el brasilero Werner Fuchs.

Sin dudas los ciclos de la naturaleza, múltiples y perfectos, garantizan la reproducción de la vida y lejos están de las lógicas capitalistas de acumulación. Las comunidades originarias y pueblos campesinos del mundo consideran a la semilla como sagrada, como alimento que nutre, que da vida, por eso es considerada patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad. Privatizarla significa mercantilizar la vida, cercenar la capacidad de los pueblos de decidir sobre la producción y el consumo de los alimentos.

Por estos días, el Ministerio de Agricultura junto a las Cámaras Semilleras y sectores del agronegocio se encuentran discutiendo un nuevo texto para la Ley de Semillas, según los borradores que se conocen y por las declaraciones públicas de algunos funcionarios, puede interpretarse que a través del nuevo articulado la política nacional de semillas seguirá subordinada a las exigencias de las empresas transnacionales. La discusión de la Ley hasta el momento se presenta como una decisión hermética entre el gobierno nacional y las multinacionales, y es casi nulo el margen de discusión y de incidencia que tienen las organizaciones y movimientos campesinos, que serían los principales afectados por estas reformas.

“Lo central del anteproyecto de Ley es que avanza en la privatización de las semillas y potencialmente de toda nuestra biodiversidad. Es importante remarcar que las organizaciones que encaramos esta campaña nos oponemos a todos los derechos de propiedad intelectual sobre formas de vida, y por lo tanto, cuestionamos también la ley de semillas del año 73. Pero este anteproyecto aumenta el control corporativo sobre las semillas, prohíbe un derecho fundamental como lo es guardar semilla y permite un sistema de policía privado para sostener el control por parte de las corporaciones del monopolio sobre las semillas”, nos explica Carlos Vicente, responsable de comunicación de GRAIN para América Latina y miembro del Foro de la Tierra y la Alimentación, en diálogo con enREDando.

“La Ley se encuentra en discusión en el ámbito del Comisión Nacional de Semillas (CONASE) dentro del Ministerio de Agricultura y están tratando de llegar a un acuerdo con las Cámaras Semilleras y los grandes productores. A partir del anuncio público del Ministro Yahuar, la Federación Agraria Argentina se ha retirado de la mesa de negociación y, aparentemente, las negociaciones están estancadas. Pero no hay que olvidar que el Ministro expresó con claridad el deseo del Gobierno de presentar el Proyecto al Parlamento antes de fin de año”, agrega Carlos con preocupación.

¿Qué significa política y ambientalmente monoplizar nuestras semillas? “Significa tener el control de nuestro sistema alimentario desde la base misma de la agricultura que son las semillas. Así pueden decidir claramente qué podemos comer y cuanto tendremos que pagar para hacerlo. Por supuesto que este control desde la base se extiende a toda la cadena y está siendo implementado de manera agresiva por el agronegocio con el consentimiento y la complicidad de los gobiernos”, señala Carlos.

Por la Soberanía Alimentaria
La preocupación de las organizaciones y movimientos campesinos nucleados en el Movimiento Nacional Campesino Indígena/ CLOC - Vía Campesina se ha ido extendiendo de norte a sur del país, a través de movilizaciones, actos de visibilización y la difusión del documento 10 motivos para luchar contra el proyecto de ley que pretende privatizar las semillas en la Argentina.

En distintas geografías del país el reclamo es común: la defensa de la vida, el repudio al voraz avance del agronegocio y a la connivencia política. “Por ahora no se ha abierto ninguna instancia de consulta, las solicitudes que hemos hecho algunas organizaciones para acceder a un borrador del anteproyecto no han tenido ninguna respuesta”, agrega Vicente.

Desde el 16 de octubre, Día de la Soberanía Alimentaria, en Rosario se vienen realizando acciones públicas de denuncia y concientización de la mano de un conjunto de organizaciones sociales, culturales y políticas que luchan contra el modelo de explotación y saqueo, comercialmente llamado agronegocio. “Llamamos a rechazar este proyecto de ley diseñado por la multinacional Monsanto y el Gobierno Nacional, que fomenta la privatización de la vida y del conocimiento, profundiza el control monopólico de la cadena alimentaria, restringiendo, aún más, la capacidad del pueblo de decidir sobre la producción y el consumo de los alimentos”, expresó el colectivo de organizaciones en un comunicado.

Semillas verde dólar
Detrás de cada semilla hay gran cantidad de información, de conocimientos y saberes ancestrales. Su libre uso e intercambio es un tema vital para la humanidad que los poderes manejan a puertas cerradas. Quien tiene el dominio de las semillas, domina nada menos que la vida y la alimentación de los pueblos. La circulación e intercambio de semillas ha estado entre las prácticas más importantes de la agricultura tradicional pero se ha ido perdiendo con la industrialización de los procesos y el monopolio por parte de las transnacionales.

En nuestro país, el proceso de industrialización de la agricultura de profundizó en la década del 90 con la imposición del monocultivo, el desplazamiento del cultivo de especies locales por especies para exportación, la creación de variedades “mejoradas” e híbridas y el control de las semillas a través de los derechos de propiedad intelectual.

“Durante los años 90 el agronegocio se consolidó como modelo dominante en Argentina de la mano de la llegada de los transgénicos y su avance arrollador hasta llegar a las más de 20 millones de hectáreas de soja transgénica que están sembrándose en este momento. Para hacerlo fue necesaria la complicidad del menemismo que de la mano del entonces Subsercretario de Agricultura Felipe Solá creó las condiciones pseudo legales para posibilitarlo", detalla Carlos.

En ese marco enumera la creación de la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA), que abre las puertas para aprobar los transgénicos sin ninguna investigación independiente (1991); la reglamentación de la Ley de Semillas del 73 para incrementar los derechos de propiedad intelectual sobre las semillas (1991); la aprobación por resolución ministerial "en 81 días" de la soja transgénica de Monsanto resistente al glifosato a través de un expediente de 146 páginas presentado en inglés, en el año 1996. "A este panorama hay que sumarle la modificación de la Ley de Patentes, del año 94, que abrió las puertas para el patentamiento de los eventos biotecnológicos. Lamentablemente el nuevo desembarco de Monsanto en Argentina de los últimos meses tiene características muy similares al de aquellos días”, detalla Vicente cada uno de los pasos perfectamente planificados y ejecutados dentro de esta estructura de poder al servicio del dios dinero.

¿De qué se habla cuando se dice "régimen de propiedad intelectual de las semillas"? Cómo afecta esto a la agricultura campesina y familiar?

- Las formas de propiedad intelectual sobre las semillas que se han instrumentado durante los últimos 50 años han sido dos: los derechos de obtentor regulados por la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) y las patentes. Lo que se está tratando de implementar con la modificación de la Ley de Semillas es la aplicación de la norma de UPOV 91 que avanza hacia un sistema muy similar al de las patentes. Este régimen tiene múltiples impactos sobre la agricultura familiar y campesina: impone semillas provistas por el mercado corporativo, exige la compra de semillas cada año incrementando los costos de producción, ilegaliza y erosiona el uso y conocimiento de las semillas nativas y criollas, permite la apropiación de las mismas por las corporaciones y pone a los agricultores en manos de Monsanto y las demás corporaciones del agronegocio al poder estas llegar a controlar las semillas y la producción en cualquier predio para garantizar que no estén usando "sus semillas".

La nueva planta de producción de semillas de Monsanto, la introducción de una nueva soja transgénica y la ley de semillas, podrían encuadrarse dentro del avance de las multinacionales sobre nuestros recursos: ¿Qué hacer desde el pueblo y las organizaciones para frenarlo?

- Las resistencias que han surgido y se han fortalecido durante los últimos años demuestran que nuestra sociedad está reaccionando y poniendo freno al avance corporativo: la lucha contra las fumigaciones, el repudio a la planta de Monsanto en Malvinas Argentinas y el rechazo a este intento de modificar la Ley de Semillas son una muestra clara de ello. Por supuesto que existen alternativas, la Soberanía Alimentaria y las Semillas como patrimonio de los Pueblos al servicio de la humanidad que propone la Vía Campesina y el Movimiento Nacional Campesino Indígena son un camino que hoy es abrazado por millones de personas en el campo y la ciudad. Para que estas propuestas se conviertan en políticas públicas tendremos que recorrer un largo camino. ¡Pero las semillas ya están sembradas y no podrán ser privatizadas!


Fuente original del artículo: EnRedando

Otro artículo sobre las consecuencias de la privatización de las semillas en la India:

El devastador impacto de las semillas de Monsanto en India



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