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jueves, 27 de diciembre de 2018

Peligro en las mesas argentinas: El Gobierno aprobó papa y trigo transgénicos para consumo masivo

 
La papa transgénica ya tiene allanado el camino a las verdulerías.

En base a estudios confidenciales, y luego del visto bueno de una comisión que tiene íntimos vínculos con las empresas que venden las semillas genéticamente modificadas para producirlos, el Estado dio vía libre a la comercialización de productos cuestionados.

lunes, 13 de agosto de 2018

Multa millonaria a Monsanto por causar un cáncer terminal con glifosato de su herbicida

 
Dewayne Johnson, durante el juicio contra Monsanto (Reuters/Josh Edelson)

Dewayne Johnson, un jardinero norteamericano de 46 años, ha ganado un juicio histórico a Monsanto, una de las compañías agroquímicas más grandes del mundo


La compañía Monsanto, subsidiaria de la gigante alemana Bayer, ha sido condenada a pagar cerca de 300 millones de dólares a un jardinero, debido al cáncer terminal que sufre tras utilizar herbicidas de la marca que contienen glifosato.
Dewayne Johnson fue contratado en 2012 como jardinero en las escuelas públicas de Benicia, una pequeña localidad al norte de San Francisco. Durante el año que permaneció allí trabajando, usó los herbicidas Roundup y Ranger Pro, de la compañía Monsanto. Lo hacía cada 12 días, unas 30 veces en un año.


Dos años después un médico le diagnosticó un linfoma No Hodgkin, un tipo de cáncer que se desarrolla en los linfocitos. Tenía 42 años y comenzó a sufrir sarpullidos que llegaron, en ocasiones, a cubrirle el 80 por ciento de su cuerpo. En 2015 un estudio de la Agencia Internacional de Investigación contra el Cáncer, parte de la OMS, clasificó al herbicida Roundup, cuyo ingrediente principal es el glifosato, como potencialmente cancerígeno. Johnson comenzó a preparar su juicio.
Mientras, su mujer tuvo que conseguir dos trabajos y esforzarse durante 14 horas diarias para poder hacer frente a las facturas hospitalarias. Tras presentar la demanda, el médico de Johnson aseguró que era probable que su paciente no fuera a vivir más allá de 2020, por lo que el juicio se aceleró. Ahora, el jurado del Tribunal Superior de San Francisco ha fallado a favor del jardinero, que recibirá 250 millones de dólares por daños y 39 más como compensación.

Monsanto apelará el veredicto

La respuesta de la compañía no se ha hecho esperar y un portavoz ha asegurado que este fallo "no cambia el hecho de que más de 800 estudios y revisiones científicas respalden el hecho de que el glifosato no causa cáncer y no causó el cáncer del señor Johnson".

Bayer, propietaria de Monsanto desde el pasado mes de junio tras pagar 66.000 millones de dólares, asegura que los herbicidas que contienen glifosato son seguros: "Sobre la base de las conclusiones científicas, las opiniones de las autoridades reguladoras en todo el mundo y la experiencia práctica de décadas usando glifosato, Bayer está convencido de que el glifosato es seguro y no causa cáncer".
Para Monsanto, este puede ser el primero de miles de juicios por todo Estados Unidos, ya que se cree que entre cuatro y cinco mil personas estaban esperando el fallo del tribunal para presentar su propia demanda.

El glifosato, la polémica sustancia

El glifosato es uno de los ingredientes habituales en los productos de Monsanto, se usa tanto para el control de la maleza en áreas industriales como en jardines y zonas verdes, y lleva en el mercado desde 1974.

Tiene un efecto no selectivo sobre las plantas, por lo que la mayoría de ellas mueren cuando se aplica, y aunque está admitido en más de 100 países, otros lo han prohibido como Portugal, Italia o Sri Lanka. La Unión Europea tiene una licencia hasta 2022 que permite el uso del glifosato.
Desde que perdiera la patente en el año 2000, casi mil productos, sólo en Estados Unidos, utilizan esta sustancia.



miércoles, 11 de abril de 2018

Argentina: Luego de confirmarse la muerte de 72 millones de abejas por agrotóxicos Etchevehere anunció: “El modelo de agroquímicos no va a cambiar”

El Disenso
SENASA finalmente confirmó que el deceso de 72 millones de abejas se debió al uso de agroquímicos, pero ante los cuestionamientos de los apicultores, el Ministro Etchevehere ya les adelantó que el modelo de agroquímicos no va a cambiar en nuestro país.

El 26 de marzo, desde El Disenso hicimos público que los apicultores de traslasierra denunciaron la pérdida de más de mil colmenas y la muerte de alrededor de 72 millones de abejas. En ese momento, y con la nula cobertura por parte de los medios, el Senasa de Villa Dolores se encontraba analizando las muestras para determinar la causal de muerte, aunque se sospechaba del uso de glifosato. En el informe explicamos que la falta de controles, la informalidad y el modelo de agroquímicos hacía que en argentina la apicultura pueda derrumbarse en un abrir y cerrar de ojos, peligrando de esta manera no solo el mercado interno y nuestro modelo agrícola, sino también exportaciones de miel por 168 millones de dolares.

El 27 de marzo, durante la reunión del Consejo Nacional Apícola que tuvo lugar en el Ministerio de Agroindustria, la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA) le reclamó al Ministro Luis Miguel Etchevehere por la “crítica situación” del sector, que pierde anualmente apicultores y colmenas a causa del “progresivo deterioro ambiental por la pérdida de biodiversidad, como resultado de la política agrícola intensiva vinculada al uso de agroquímicos“ según lo publicado por Infocampo. La respuesta del Ministro no estuvo a la altura de las circunstancias:

“¿Cómo piensan convivir con eso? Porque el modelo no va a cambiar” contestó Etchevehere.

SADA emitió un comunicado como respuesta al ministro, donde denuncia que “Las abejas están desapareciendo. Porque están desapareciendo sus montes, sus bosques, sus flores” porque “el campo se volvió marrón y se sumergió en venenos, que hoy la hipocresía de muchos llama productos fitosanitarios“ y apuntó a Etchevere considerando que su respuesta ante los reclamos de los apicultores “lleva ínsito el desprecio y desconocimiento” de la actividad.
La Mesa Directiva de SADA explicó que “Las abejas no tienen comida saludable, la que hay es poca, sin variedad y en la mayoría de los casos contaminada con “fitosanitarios”. Con las abejas desaparecen además el resto de los polinizadores silvestres, y con ello buena parte de las frutas y verduras que comemos, así como las que alimentan a nuestros animales“.
De acuerdo a los apicultores, el actual modelo agroindustrial que usa a la Argentina como banco de pruebas es “ilegal”, porque se sostiene en la modificación genética de semillas, y de la utilización de millones de litros de químicos insecticidas, herbicidas y fungicidas, que destruyen las flores, los ecosistemas, y el resto de las variedades de frutas y verduras, la flora y la fauna silvestres, y porque elimina la diversidad biológica en forma expresa, sostén último de la vida en el planeta, con la única finalidad cierta de aumentar la riqueza de un puñado de empresas trasnacionales.
Pero tambien SADA hace notar que el actual modelo agroindustrial es antiético, porque destruye los entramados sociales, productivos y económicos de nuestras comunidades, condenando a la miseria a sus ciudadanos y es también ecocida, porque daña irremediablemente la tierra, el agua y el aire, envenena nuestros alimentos, mata nuestras abejas y deteriora la salud de nuestros habitantes.

Sospechas confirmadas

Esta semana que pasó, el SENASA confirmó las sospechas de los apicultores en la reunión convocada por el Consejo para la Agricultura Familiar Campesina (CAFC): el causante del deceso de las 72 millones de abejas fueron los agroquímicos. El equipo multidisciplinario integrado por miembros de SENASA, INTA, SsAF, Agricultura de la Provincia y organizaciones de productores fue el encargado de dar a conocer la noticia.
Desde el sector de Fiscalización del Ministerio de Agricultura de Córdoba aseguran que han intimado a los agricultores de la zona para que presenten las recetas fitosanitarias en las que conste el uso o aplicación de agroquímicos. Pero entre los apicultores aún resuena la respuesta brindada por el Ministro Etchevehere ANTES de que el SENASA confirmara el deceso por agroquímicos: “¿Cómo piensan convivir con eso? Porque el modelo no va a cambiar”.

Fuente: El Disenso

Más información:  Agroquímicos en Córdoba: 72 millones de abejas muertas

viernes, 16 de febrero de 2018

Transgénicos: el ocaso de un imperio

 

La bola de nieve que nunca parecía detenerse y que venía a arrasar con todo, paulatinamente se está frenando, o al menos esos son los primeros indicios de que el modelo basado en transgénicos está en un franco descenso.
Esto lo certificó un informe de una ONG denominada ISAA (International Service for the Acquisition of Agribiotech applications), a pesar de ser una organización con una tendencia a favor de la biotecnología.
Desde que comenzaron los cultivos transgénicos -hace 20 años- siempre tuvieron un crecimiento sostenido, excepto en 2015 que –según ISAA- retrocedió en un 1%. Esta cifra no parece significativa, sin embargo considerando que en los últimos años en el mundo este tipo de cultivos alcanzó las 2.000 millares de hectáreas, sí lo es.
Todo parece indicar que el apogeo de estos paquetes biotecnológicos se terminó y que la resistencia de millones de personas está teniendo efecto…
Todo parece indicar que el apogeo de estos paquetes biotecnológicos se terminó y que la resistencia de millones de personas está teniendo efecto, y no solo eso, sino que el rechazo de la propia tierra es la que también está provocando importantes pérdidas a un modelo antinatural.

Las razones del ocaso

Según ISAA, esta reducción “marginal” es coyuntural y se explicaría por el hundimiento de ciertas materias primas agrícolas como el maíz (-4% en superficies) o el algodón (-5%). También esta disminución “es susceptible de invertirse cuando el nivel de los precios se invierta”.
En Estados Unidos, líder con el 39% del total mundial, las superficies de cultivos manipulados genéticamente o transgénicos (OMG)  retrocedieron en 2,2 millones de hectáreas, mientras que en Canadá, quinto productor mundial, también se redujeron en 0,6 millones de hectáreas, según indicó el informe.
La disminución más fuerte fue en el territorio sudafricano, en este caso en un 23% debido a las severas sequías.
Sin ir más lejos, en la provincia de Santa Fe (Argentina) se perdieron millones de hectáreas de soja a causa de las recientes inundaciones. Aunque nadie desea que el agua sea una amenaza en vez de un recurso esencial, en este caso la Madre Tierra se hizo escuchar.
Por otro lado, el país de Burkina Faso, único de África occidental convertido a la agricultura biotecnológica desde los años 2000, renunció totalmente al algodón transgénico, evocando su falta de rentabilidad.
Otro de los motivos por el que las grandes trasnacionales como Monsanto están retrocediendo sus inversiones en los países en desarrollo es la “reglamentación costosa, lo que sigue siendo el principal impedimento para su adopción, según indico el informe.
También, por supuesto, aunque el informe no lo mencionó está la resistencia de los ciudadanos comunes que se niegan a la implementación de las plantas, como el caso de Malvinas Argentinas, provincia de Córdoba, en donde durante más de dos años los asambleístas sostuvieron un bloqueo en la planta de Monsanto de dicha localidad en rechazo a la habilitación de la misma.
No obstante la resistencia, hay cinco países en desarrollo –Brasil, Argentina, India, China y Sudáfrica en donde se cultivan casi la mitad (48%) de los OGM del mundo.

Patentamiento de  las semillas: otra pulseada perdida

Quizás no lo vio en los principales medios de comunicación pero la trasnacional Monsanto no podrá patentar semillas en Argentina –como era su pretensión- porque no son una invención de la multinacional, sino de la naturaleza.
Un fallo inédito de de la Sala III de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal –con fecha 26 de noviembre de 2015- detiene la intención de Monsantode cobrar canon extra por sus “desarrollos” transgénicos.
“La molécula de ADN recombinante y las células modificadas no constituyen una invención (de Monsanto) porque son materia viva y preexistente en la naturaleza [..]”.
“La molécula de ADN recombinante y las células modificadas no constituyen una invención (de Monsanto) porque son materia viva y preexistente en la naturaleza. Ese material genético tiene la aptitud de generar una planta completa y los países tienen la facultad de declarar no patentables a las plantas”, sentenció el dictamen firmado por los jueces Guillermo Alberto Antelo y Ricardo Gustavo Recondo.
“Es discutible que pueda patentar todo el material por el sólo hecho de haberlo modificado; como indiscutible que el autor de una obra literaria no deviene en propietario del lenguaje empleado en ella por haberla registrado”, fundamentó la sentencia en su rechazo a Monsanto.
Aunque la decisión final depende de la Corte Suprema de Justicia, sin duda es un duro golpe contra las empresas biotecnológicas que pretenden patentar las semillas, cual fuera una invención suya.
Monsanto obtiene dinero cada vez que vende una semilla. Pero, al intentar patentar, también quiere cobrar sobre el grano producido (sobre las cosechas) y cada vez que el mismo se utilice como semilla mientras dure la patente, lo cual está prohibido por la legislación argentina.
Por tal motivo la trasnacional solicitó declarar “inconstitucional” el artículo 6 de la Ley de Patentes (decreto 260/96): “No se considerarán invenciones toda clase de materia viva y sustancias preexistentes en la naturaleza”.
Afortunadamente, la sentencia judicial rechazó el pedido de la empresa y confirmó la validez de la normativa.

¿Por qué se producen “alimentos” transgénicos?

Según sus defensores, esta tecnología tiene como fin aumentar el rendimiento de cultivos, ayudar a resolver el problema del hambre y mejorar la rentabilidad. Sin embargo, hay estudios que demuestran que los transgénicos no rinden más que los cultivos naturales y a su vez tampoco se utilizan principalmente como alimentos sino que se exportan a otros países para engordar ganado o elaborar biocombustibles. Además, introducen contaminantes al medio ambiente y nuevos riesgos  para el hombre, los cuales se siguen sumando.
El interés y razón de ser de cualquier compañía es obtener ganancias, considerando el lugar donde esta se desempeña, la sociedad y el medio ambiente. Sin embargo, estas corporaciones pretenden obtener ingresos por las patentes sobre los transgénicos y a la vez ejercer un control sobre el sistema agro-alimentario mundial para controlar el insumo fundamental: las semillas.
En Argentina la mayor parte de la superficie agrícola depende -en alguna medida- de los transgénicos y los agroquímicos. Sin embargo, decenas de asambleas ambientales surgieron a lo largo del país para tomar conciencia y resistir a este modelo productivo.

viernes, 21 de abril de 2017

Monsanto, hallado culpable por daños a la salud y el ambiente, crímenes de guerra y ecocidio

 
En el Salón Illia del Senado se transmitió la lectura de la sentencia (Adrián Escandar)
El tribunal internacional popular que analizó en La Haya la historia de la multinacional Monsanto -comprada el año pasado por Bayer- encontró a la empresa culpable del delito de ecocidio, de crímenes de guerra, de violaciones de los derechos a un medio ambiente sano y equilibrado, a la salud y a la alimentación, y de quebrantar la libertad científica.
Monsanto, que desde principios del siglo XX ha comercializado productos altamente tóxicos, como el PCB, el 2,4,5-T, el herbicida Lasso y el famoso Roundup, elaborado a base de glifosato, fue sometida a un tribunal ético integrado por cinco prestigiosos jueces, entre ellos, la argentina Eleonora Lamm, subdirectora de derechos humanos de la Suprema Corte de Mendoza. Para ello, se utilizaron los mismos procedimientos que utiliza la Corte Penal Internacional de La Haya, pero la compañía se negó a participar.
La idea fue impulsada por más de mil organizaciones no gubernamentales de todo el mundo. Si bien el tribunal era simbólico, sus conclusiones empezarán a ser usadas en demandas a lo largo y ancho del planeta, y se usarán para intentar que se modifique el Estatuto de Roma y se incluya la figura del ecocidio.
Adrián Escandar
Quizás lo más esperado fue justamente la conclusión en torno a ese tipo penal, el ecocidio, un término que empleó públicamente por primera vez en 1970 el biólogo Arthur Galston, cuya investigación en el Departamento de Botánica de la Universidad de Yale condujo a la invención del agente naranja. La conclusión de los jueces no dejó lugar a dudas. "Si el delito de ecocidio se reconociera en el derecho penal internacional, las actividades de Monsanto posiblemente constituirían un delito de ecocidio en la medida en que causan daños sustanciosos y duraderos a la diversidad biológica y los ecosistemas, y afectan a la vida y la salud de las poblaciones humanas", advirtió el fallo.
El primer punto tratado en el fallo es si Monsanto vulneró el derecho a un ambiente sano y equlibrado, que es una precondición para el ejercicio de todos los derechos humanos. Para ello, los expertos analizaron testimonios de investigadores que detectaron casos de malformaciones en Argentina y Francia causadas por el glifosato, enfermedades renales crónicas por la aplicación de Roundup en Sri Lanka y la suba de las tasas de cáncer en Brasil. También se mencionó la pérdida de diversidad y fertilidad de los suelos, la contaminación de las explotaciones agrícolas con transgénicos, y las deficiencias de salud de los cerdos alimentados con plantas modificadas genéticamente.
Hubo más. Se habló de la falta de información a las comunidades, fundamentalmente indígenas, en todo el mundo, la contaminación producida por la canola transgénica en Australia y Canadá, la imposibilidad de obtener un buen rendimiento en los cultivos de algodón modificado genéticamente, los intentos de Monsanto de monopolizar el mercado de semillas en la India, la fumigación aérea de glifosato en la guerra fallida contra las drogas y la contaminación con glifosato de las fuentes de agua en la Argentina, muy estudiada en el caso del río Paraná.
Frente a semejante nivel de pruebas, la conclusión fue tajante. "Monsanto ha incurrido en conductas que tienen efectos graves y negativos en el medio ambiente y han afectado a innumerables personas y comunidades de muchos países, así como a la salud del propio entorno, con las consiguientes repercusiones en las plantas y los animales y en la diversidad biológica", estimó el tribunal.
El segundo punto a tratar, el derecho a la alimentación, llama la atención porque el combo "siembra directa + transgénicos + agroquímicos" fue presentado desde el minuto cero como la tríada que pondría fin al hambre en el mundo, algo que no sólo no ocurrió, sino que, según el fallo, el mundo siempre estuvo en condiciones de producir alimentos para todos apelando a la agricultura tradicional.
En este caso se tuvieron en cuenta las producciones de arroz de Sri Lanka, que se volvieron arenosas y redujeron su rendimiento "de forma significativa", y el ensañamiento con el monocultivo en ese país, donde en algunas comunidades se reintrodujeron exitosamente variedades tradicionales de mijo, sésamo, hortalizas, frutas y cereales con las que se obtuvieron mejores cosechas. Debido al daño causado por los agroquímicos, en 2015 se prohibieron el Roundup y otros cinco productos en ese país.
Pablo Rubino, uno de los que integraron la comitiva argentina que viajó a La Haya (Adrián Escandar)
El tribunal también destacó los "daños producidos en el suelo, en los nutrientes, que influyeron negativamente en las condiciones que requieren los cultivos, y en las corrientes de agua utilizadas para el mismo trabajo agrícola".
Además, tuvo en cuenta el testimonio de dos argentinos. Por un lado, el médico rosarino Damián Verzeñassi, quien señaló, en particular, que "donde anteriormente se habían producido alimentos, ahora había plantas transgénicas toxicodependientes que habían afectado a la producción lechera y ganadera". El otro es el productor Diego Fernández, que posee 150 hectáreas en Santa Fe y contó cómo lo afectó la producción de soja transgénica a partir de 1996, que cada vez requería un mayor uso de Roundup y desplazó al ganado. "Antes de la conversión del campo utilizaba 1 litro de Roundup por hectárea cada año; después de la conversión utilizaba entre 10 y 12 litros, lo que causó la compactación del suelo, la muerte de las raíces y una reducción de la actividad microbiológica. La compactación del suelo provocó también inundaciones porque el agua había dejado de filtrarse. Otra consecuencia que señaló fue la aparición de plantas invasivas resistentes a los herbicidas", recordaron los jueces. Hubo testimonios similares de agricultores de México, de la India, de Burkina Faso y de Bangladesh.
"Los testimonios citados revelan que, en todos los casos, se ha producido una vulneración del derecho a la alimentación de la que han sido víctimas los testigos y las comunidades, así como las personas mencionadas por los testigos", indicaron los jueces.
La afectación al derecho a salud fue posiblemente la más fácil de demostrar, ya que incluso hay jurisprudencia en varios países. En este punto fue muy sólida la exposición del médico Verzeñassi, quien dirige el Instituto de Salud Socioambiental, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario. El experto encabeza un proyecto titulado "Campamento sanitario" en cuyo marco se han realizado estudios en 27 localidades de cuatro provincias argentinas. Después de recopilar datos de 96.874 personas de dichas localidades, observó que en esas zonas hay altísimas tasas de una serie de enfermedades vinculadas al uso de cultivos de organismos modificados genéticamente y en la exposición al glifosato producido y comercializado por Monsanto.
Al respecto, los magistrados no sólo hicieron hincapié en los daños a la salud física, sino también la mental, y pusieron énfasis en los efectos perjudiciales del PCB, el glifosato y los transgénicos.
Otro tema que también se sintió de cerca en Argentina es la libertad indispensable para la investigación científica, una cuestión archiconocida por los ambientalistas en el país, a partir de las persecuciones que sufrió el fallecido médico Andrés Carrasco, luego de sus históricas investigaciones sobre los efectos del glifosato en animales vertebrados. En el Salón Illia del Senado, donde se siguió la transmisión de la lectura de la sentencia, hubo un cerrado aplauso una vez que se conoció el fallo y se invitó a su esposa, Alicia Massarini, a decir unas palabras.
Alicia Massarini (Adrián Escandar)
Varios testimonios, al decir del tribunal, coincidieron en que "Monsanto ha empleado de modo habitual tácticas deshonestas, engañosas y opacas para conseguir la aprobación de sus cultivos obtenidos por ingeniería genética y sus herbicidas asociados". La empresa está acusada de operar para desacreditar y paralizar las investigaciones científicas y debates que suponen una amenaza para sus intereses comerciales.
Algunas declaraciones fueron elocuentes, como la del paraguayo Miguel Lovera, quien trabajó en el Gabinete del ex presidente Fernando Lugo, y que habló de sobornos a funcionarios y calumnias a los que osaban criticar. Y en particular, dijo que tras el desplazamiento de Lugo, "el control reglamentario efectivo de los productos modificados genéticamente y de los herbicidas dejó de existir y Monsanto tuvo libertad para introducir algodón, maíz y trigo modificados genéticamente, a menudo con consecuencias desastrosas para los agricultores locales y poniendo en grave riesgo las semillas autóctonas". Hubo testigos similares de Francia, Canadá y Alemania, entre otros.
El último tema que se analizó fue si Monsanto fue cómplice de un crimen de guerra, ya que fabricó el Agente Naranja que los Estados Unidos utilizaron durante la contienda bélica en Vietnam. El tribunal aclaró que "no se ha presentado ante el Tribunal ninguna evidencia relevante", pero aun así concluyó que "habría que dar crédito a la hipótesis de que se disponía de pruebas pertinentes en relación con los hechos de que Monsanto", porque la empresa "proporcionó los medios necesarios para la campaña estadounidense en Vietnam; sabía cómo se utilizarían sus productos y tenía información sobre los efectos perjudiciales para la salud y el medio ambiente".
Adrián Escandar
FUENTE: INFOBAE

lunes, 10 de abril de 2017

Monsanto retira sus transgénicos de Europa, salvo España, Portugal y Rep. Checa



La firma Monsanto ha dado por perdida la batalla por la implantación de sus semillas transgénicas en Europa, en un gesto que demuestra cómo las movilizaciones ciudadanas pueden lograr significativas victorias frente a los grandes intereses económicos y políticos. Sin embargo, España, República Checa y Portugal son la excepción.
La firma aseguró que ha paralizado las actividades de promoción de sus semillas genéticamente modificadas en Europa, así como que tampoco tiene previsto solicitar permiso para la venta de nuevas plantas transgénicas en la región.
“No gastaremos más dinero para convencer a la gente para cultivarlas”, aseguró Brandon Mitchener, responsable de Public Affairs de Monsanto para Europa y Oriente Medio en una entrevista a Investigative Reporting Denmark.
El rechazo de productores agrarios y consumidores a los organismos modificados genéticamente debido a sus nocivos impactos sobre la biodiversidad, el medio ambiente y la salud a corto plazo y sus aún imprecedibles efectos a largo plazo, llevaron al gigante multinacional a involucrarse en ingentes inversiones en campañas de marketing, implantación, procesos judiciales y acciones de lobby para conseguir la aceptación de sus productos. El anuncio de su retirada supone un triunfo para todos los que han luchado contra su expansión.
Cabe recordar que en 2001, se promulgó en Europa la directiva de ‘Liberación intencional en el medio ambiente de organismos modificados genéticamente’ y en la mayoría de los países europeos estos productos estaban ya prohibidos. Entre ellos, Alemania, Francia, Grecia, Italia, Polonia, Luxemburgo, Bulgaria, Suiza, Austria, Irlanda y Hungría optaron por ser “zonas libres de transgénicos”. Sólo un 1% de todo el maíz cultivado en Europa es transgénico.
Con todo, Monsanto no es la primera empresa en fracasar en esta batalla. En 2012, Basf anunció la retirada de sus cultivos transgénicos en Europa, decisión que había tomado años antes Syngenta, por la presión de productores, consumidores y gobiernos.
España, o el reino europeo de los transgénicos
Sin embargo, la información publicada por el medio danés indica que Monsanto aplicará una excepción a la retirada de sus OMGs de Europa: aquellos países en los que cuente con apoyo de los agricultores o con respaldo político. Si tenemos en cuenta este último punto, tres son los mercados en los que la multinacional mantendrá y expandirá su actividad: República Checa, Portugal y España.
Mientras que en República Checa este tipo de cultivos están a la baja, en Portugal y España continúa su desarrollo. De hecho, la nación ibérica centra actualmente el 90% de la producción de maíz transgénico en Europa. A pesar de los recelos de agricultores y consumidores, el respaldo concedido a estos cultivos desde estamentos políticos y los intereses económicos han propiciado su expansión.
Los transgénicos son organismos modificados genéticamente (OMGs) en un laboratorio, mediante técnicas que consisten en introducir en un ser vivo genes que no pertenecen a su misma especie.
El nacimiento de este tipo de productos se presentó como un gran logro y generó grandes expectativas, anunciándose ante la sociedad como uno de los instrumentos para mejorar la calidad y cantidad de las cosechas, lograr alimentos para todos y acabar con el hambre en el mundo. Dos décadas después, no sólo no han contribuido a este objetivo, sino que se han revelado como un gran negocio para las compañías productoras, convirtiéndose en una de las principales amenazas para la agricultura tradicional, la biodiversidad, la soberanía alimentaria y la salud.
El monopolio de tierras, con la exclusión de pequeños agricultores, la desaparición de las semillas de cultivos tradicionales (que obliga a los campesinos a comprar las transgénicas año tras años), la contaminación de suelos y agua, la pérdida de fertilidad de la tierra, la resistencia a cierta plagas y la creciente dependencia de los productos de las multinacionales que los producen, son sólo algunos de los efectos ya visibles de los OMGs en todo el mundo, pero especialmente en amplias zonas de países en desarrollo.
Fuente:  foodnews
http://www.solucionesnaturales.es

Más en  Mapa de Cultivos Transgénicos en España

viernes, 2 de diciembre de 2016

La guerra de la soja (Documental TVE España)

Pulsar en la imagen para acceder a la página de RTVE y ver el documental completo
La soja transgénica es oro para la multinacional propietaria de la semilla, para los grandes productores y las empresas multinacionales que la exportan desde América Latina. Sin embargo, es un negocio muy discutido por muchos sectores que consideran que provoca muchos daños y deja pocos beneficios en los lugares donde se cultiva. Un equipo de 'En Portada' viajó hasta Argentina y Paraguay, dos países que junto con Brasil están entre los grandes productores y exportadores de soja transgénica del mundo.

martes, 22 de noviembre de 2016

Estados Unidos: Alarmantes niveles de glifosato en los alimentos de mayor consumo


Por Barbara H. Peterson / farmwars.info
Aunque no quiera ingerir glifosato, el herbicida más utilizado en todo el mundo fabricado por Monsanto, y conocido como Roundup, no va a poder evitarlo. Lo va a ingerir de todos modos.
Aquellos alimentos que se promocionan como sanos y nutritivos, incluso los considerados ecológicos y sin ingredientes transgénicos, contienen un ingrediente extra añadido por el gigante de la Industria Química y de la Agricultura Industrial, Monsanto, en su desayuno, en la comida, en su cena y cualquier otro alimento que tome entre comidas. Sí, es una cortesía de las Agencias de Regulación el que este herbicida esté omnipresente en nuestros alimentos, provocando una contaminación a gran escala y sin precedentes.
Historia del glifosato
Son 3 las patentes del glifosato: fue patentado por primera vez en 1964 por Stauffer Chemicalcomo un quelante de metales comercial que se utilizaba para limpiar o descalcificar las calderas y tuberías (2). El glifosato se une y elimina minerales como el calcio, magnesio, el manganeso, el cobre y el zinc, que son vitales para nuestra salud.
Las segunda patente fue presentada en 1974 por Monsanto para uso como herbicida (3). Monsanto afirma que el glifosato, que mata a las plantas al interrumpir la vía shikimato, no tiene ningún efecto sobre los seres humanos porque los mamíferos no disponen de la vía shikimato. Sin embargo, un reciente estudio revisado por pares (4) afirma:
“El glifosato inhibe la enzima citocromo P450 (CYP), algo que se ignora de su toxicidad para los mamíferos. Las enzimas CYP juegan un papel crucial en las funciones biológicas, una de las cuales es la de desintoxicar los xenobióticos (sustancias químicas extrañas). Por lo tanto, el glifosato aumenta los efectos dañinos de otros residuos químicos presentes en los alimentos y toxinas ambientales. El impacto negativo en nuestro organismo es persistente y se manifiesta lentamente con el tiempo, ya que la inflamación daña los sistemas celulares de todo el cuerpo”.
En el año 2003, Monsanto solicitó una nueva patente sobre el glifosato como antimicrobiano para el control de parásitos o como antibiótico (5). Esta patente se concedió en 2010. Se propone que el glifosato se utilice como un tratamiento contra las infecciones microbianas y el control parasitario de diversas enfermedades, como la malaria. Un estudio revisado en 2013 decía que el glifosato mata la flora intestinal beneficiosa de los pollos ya en cantidades tan bajas como 0,75 ppm (partes por millón) (6).
Justo lo que necesitamos para el desayuno
El informe publicado por Food Democracy Now y el Proyecto Detoxofrece un alarmante panorama de los alimentos contaminados, de los que probablemente nos alimentemos y se los demos a nuestros hijos.
Glifosato: inseguro en cualquier plato
Un destacado laboratorio de evaluación alimentaria registrado por la FDA ha encontrado niveles extremadamente altos de glifosato procedente de los herbicidas en los productos alimentarios de mayor consumo en los Estados Unidos.
El glifosato, ingrediente activo de Roundup de Monsanto, es el herbicida más utilizado en todo el mundo en la producción agrícola y alimentaria, como resultado de la adopción generalizada de los cultivos transgénicos, con más de 71 millones de hectáreas cultivadas en los Estados Unidas, y más de 440 millones de hectáreas en todo el mundo.
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En este mapa se muestra el aumento en la utilización de glifosato en los Estados Unidos, entre 1992 y 2014.
Los nuevos estudios científicos revelan daño probable para la salud humana, algo que podría ya producirse a niveles tan reducidos como 0,1 partes por mil millones. Los alimentos más consumidos fueron analizados para comprobar la presencia o no de glifosato, encontrándose entre 289,47 partes por mil millones hasta niveles tan altos como 1.125, 3 partes por mil millones.
Las pruebas y los análisis fueron realizados por Anresco Laboratories, de San Francisco, un laboratorio registrado por la FDA, que lleva realizando análisis alimentarios desde 1943. El laboratorio encontró que los productos más consumidos, por ejemplo, Cheerios, tenía un contenido en glifosato de 1.125, 3 partes por mil millones. Otros niveles también altos de glifosato se encontraron en las marcas Oreo, Doritos y Ritz Crackers, entre los 29 alimentos analizados.
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Actualmente, las Agencias de Regulación de Estados Unidos permiten la presencia de unos niveles muy altos de residuos de glifosato en los alimentos. El límite de la ingesta diaria admisible (IDA) está establecida en 1,75 mg/kg de peso corporal al día en los Estados Unidos, mientras que en la Unión Europea es de 0,3 mg/kg de peso corporal. Las tolerancias se han establecido mediante estudios patrocinados por las Empresas y la influencia ejercida por la Industria en el proceso de reglamentación.
La nueva investigación muestra que el herbicida Roundup causa daños en el hígado y los riñones de las ratas, como se refleja en los cambios en las funciones de 4.000 genes con una ingesta de sólo 0,05 partes por mil millones, lo que indicaría la producción de un daño.
Estudios adicionales han encontrado que niveles tan bajos como 10 partes por mil millones pueden tener efectos tóxicos en el hígado de los peces y causar daño significativo a los hígados y riñones de las ratas a 700 partes por mil millones, que es el nivel permisible de glifosato en el agua potable de los Estados Unidos.
Las evidencias científicas independientes y revisadas por expertos muestran que los daños en la salud humana podrían comenzar a niveles tan bajos de glifosato como 0,1 partes por mil millones.
Estos innovadores descubrimientos, que unos cereales de una marca emblemática en los Estados Unidos, contengan niveles tan altos como 1.125,3 partes por mil millones, debería suponer una llamada de atención para todas las personas respecto a los niveles inaceptables de residuos de plaguicidas en los alimentos. [En este sentido, puede consultarse el informe publicado recientemente por Ecologistas en Acción sobre la presencia de plaguicidas disruptores endocrinos en los alimentos de España: “Directo a tus hormonas: guía de alimentos disruptores”]. Estos hallazgos son especialmente preocupantes, ya que los últimos estudios científicos independientes, durante los cuales un equipo internacional de científicos ha reevaluado los mismos datos previamente utilizados por las Agencias de Regulación, solicitan una Ingesta Diaria Admisible (IDA) más baja, debiéndose fijar en 0,025 mg/kg de peso corporal por día, es decir, “doce veces inferior a la IDA establecida actualmente en Europa y 70 veces menor al nivel actualmente permitida por la EPA en los Estados Unidos”.
Es importante que las personas y los padres comprendan que la contaminación por glifosato no se puede eliminar por lavado y no se descompone al cocinar. Los residuos de glifosato pueden permanecer estables en los alimentos durante un año o más, incluso si los alimentos se congelan o procesan.
Las pruebas y análisis de realizaron a petición de FOOD DEMOCRACY NOW, en coordinación con THE DETOX PROJECT, que ha reunido evidencias científicas adicionales en todo el mundo e incluyendo un compendio de investigación independiente sobre el glifosato, en el que se recogen los análisis de Anresco Laboratories.
Basándose en esta nueva información, FOOD DEMOCRACY NOW está solicitando una investigación federal sobre los probables efectos nocivos del glifosato en la salud humana y el medio ambiente, y también solicita una investigación sobre las relaciones entre las Agencias de Regulación y la Industria, a raíz de la exposición a la que están sujetas las personas y considerando los niveles de glifosato que los científicos señalan como perjudiciales para la salud humana.
Visto en : Noticias de abajo

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