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jueves, 27 de diciembre de 2018

Peligro en las mesas argentinas: El Gobierno aprobó papa y trigo transgénicos para consumo masivo

 
La papa transgénica ya tiene allanado el camino a las verdulerías.

En base a estudios confidenciales, y luego del visto bueno de una comisión que tiene íntimos vínculos con las empresas que venden las semillas genéticamente modificadas para producirlos, el Estado dio vía libre a la comercialización de productos cuestionados.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Un estudio encuentra glifosato en la mayor productora de tortillas de maíz de México

El informe revela la presencia del herbicida, "probable cancerígeno" según la OMS, en algunos de los productos de Maseca


Tortillas de maíz en un punto de venta en la Ciudad de México. ( REUTERS)

 

Las tortillas de maíz más consumidas por los mexicanos contienen rastros de glifosato, un herbicida catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “probablemente cancerígeno”, según un nuevo estudio realizado por el laboratorio estadounidense Health Research Institute. El análisis, encargado por la Asociación de Consumidores Orgánicos (ACO), revela la presencia de ese pesticida popularizado por Monsanto en algunos de los productos de Maseca, la mayor productora de harina y tortillas de maíz de México con un 70% del mercado.
Tres de las ocho muestras de harina de maíz de Maseca analizadas por el laboratorio contienen glifosato, alcanzando un máximo de 17,6 microgramos por kilo. Los niveles aumentan a medida que se eleva la presencia de maíz genéticamente modificado, resistente al pesticida.
“Es probable que el maíz genéticamente modificado encontrado en estos productos sea alimento para ganado importado de Estados Unidos que se utilizó para elaborar la harina”, dice en entrevista telefónica el científico John Fagan, del Health Research Institute.
Doctor en bioquímica por la Universidad de Cornell, Fagan afirma que los niveles de glifosato encontrados son “preocupantes”, dado que los mexicanos consumen de media algo más de medio kilo de maíz al día.
Incertidumbre
Los resultados del estudio arrojan un panorama incierto. Si bien algunas de las harinas de Maseca analizadas contienen un 95% de transgénicos y niveles de glifosato de entre 5,1 y 17,6 microgramos por kilo, en otras no se encuentran rastros de estos.
“Surge enojo y el deber de exigir a esta empresa que por lo menos diferencie los lotes de producción, que diga: ‘Este es maíz importado y genéticamente modificado”, afirma Mariana Ortega Ramírez, coordinadora de la campaña de ACO “Yo quiero mi tortilla 100% nixtamalizada”. “Diferenciar, ese es el primer paso. Luego el consumidor podrá decidir”.


Una botella del herbicida en un campo de cultivo.
Una botella del herbicida en un campo de cultivo. REUTERS

Gruma, propietaria de Maseca, respondió a este periódico que tanto la empresa como las autoridades sanitarias de Estados Unidos y México monitorean la presencia de glifosato y “no se ha detectado presencia de esta sustancia en el maíz que procesamos para producir nuestras harinas”.
“En todas las operaciones de Gruma en el mundo contamos con los más altos estándares y normas de calidad para la elaboración de nuestros productos en beneficio de nuestros consumidores”, resaltó la compañía.
En México no existe una regulación que establezca un límite de ingesta diario de glifosato, como sí ocurre en otros lugares del mundo. En la Unión Europea ese techo se sitúa en 21 microgramos al día para un adulto de 70 kilos, mientras que en Estados Unidos se eleva hasta los 122,5 microgramos.
Si bien los niveles de glifosato encontrados en los productos de Maseca no superan esos límites, John Fagan dice que una reciente investigación publicada en la revista Scientific Reports alerta que niveles mucho más bajos podrían ocasionar síntomas prematuros de la enfermedad del hígado graso no alcohólico.
Tras revisar los resultados, la profesora en ciencias alimentarias de la Universidad de Massachussets Lili He dijo a este diario que, “en términos generales”, los niveles de glifosato hallados en las tortillas de Maseca no son preocupantes, pero cree “que se necesita más investigación (sobre el herbicida) para asegurar la seguridad alimentaria de la población”.
El Health Research Institute también analizó un paquete de harina de maíz de Minsa, la principal competidora de Maseca con un 20% del mercado, en la cual no se encontró el herbicida. Mientras tanto, la muestra que más altos niveles de glifosato arrojó fue de la estadounidense Honeyville, con una presencia de 30 microgramos por kilo.


Un estudio encuentra glifosato en la mayor productora de tortillas de maíz de México

Ese mismo laboratorio desveló en 2017 la presencia del herbicida en los populares helados Ben&Jerry’s, lo que llevó a la empresa a lanzar una nueva línea de productos orgánicos.
Etiquetado transparente
“La presencia de glifosato en la harina que se usa masivamente para elaborar tortillas industriales es un atentado a la seguridad alimentaria de México”, afirmó tras ver los resultados el académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Emmanuel González.
González fue uno de los investigadores, junto con Elena Álvarez-Buylla, que publicó a finales de 2017 un extenso estudio sobre las tortillas de maíz que se consumen en México. En él revelaron que un 90,4% contenían transgénicos y un tercio presentaban rastros de glifosato.
“Es una realidad brutal que el país que es el centro del origen del maíz y donde ese producto es la base de la alimentación, la población esté consumiendo tortillas que en el 90% de los casos contienen maíz transgénico”, lamenta González.
La siembra de maíz transgénico se encuentra suspendida en México desde 2013 a la espera de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación se pronuncie al respecto, pero no existe una prohibición a la importación de ese producto. De hecho, México compra cada año a Estados Unidos unos 10 millones de toneladas de maíz transgénico.
Dado que no existe una legislación en México que obligue a informar sobre el contenido de organismos genéticamente modificados, el consumidor no sabe cuándo está ingiriendo ese tipo de alimentos y, potencialmente, glifosato. Por ello, el científico de la UNAM urge a “pelear por un etiquetado sencillo y transparente”.
Hasta entonces, según González, comer tortillas de Maseca en México seguirá siendo “una ruleta rusa”.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Argentina: Trabajadores de la tierra realizarán un "Semillazo" para repudiar la Ley Monsanto-Bayer

Agricultores y campesinos del denominado "otro campo", se manifestarán este miércoles frente al Congreso Nacional, donde esta prevista una audiencia pública en la Cámara de Diputados referida a esta grave problemática. 




Las organizaciones agrarias representativas de la agricultura familiar y campesina, entre las que se encuentra Federación Agraria Argentina (FAA), realizarán este miércoles un "Semillazo" para "decir no a la Ley Monsanto-Bayer" de semillas.

El encuentro será frente al Congreso Nacional desde las 10, a las 11:30 habrá charlas y debates, y a las 14 una audiencia pública en la Cámara de Diputados de la Nación.

FAA indicó en un comunicado que "el Ministerio de Agroindustria pretende hacernos creer que hay un acuerdo de mayoría que, casualmente, refleja al pie de la letra las imposiciones de Monsanto en 2004, pretensiones que al no poder plasmar parlamentariamente, en 2005 intentó imponerlas reteniendo barcos con carga argentina en puertos europeos".


"Hoy, la supuesta mayoría con el aval de Agroindustria, revive e impulsa en el Congreso aquellas pretensiones", dijeron.
Se trata de la eliminación de los derechos de los productores a ejercer el derecho al uso propio de la semilla y cobrar regalías en cada nueva temporada de cultivo.

Además de  "dar poderes inadmisibles al Instituto Nacional de Semillas (INASE) y convertirlo en el custodio de los derechos de patentes sobre genes de las corporaciones, imponiéndose por encima de la justicia y violando los derechos de los productores".

También se denuncia que se confunde a "los usuarios, comercios, profesionales, multiplicadores, criaderos y toda la cadena semillera y del comercio de granos, evitando que quede claro dónde empieza y termina el derecho de cada uno de ellos".

Para FAA se intenta "imponer el poder de la concentración de unos pocos sobre decenas de miles de actores de la actividad agraria "sin que nadie proteja ni equipare el derecho de los más débiles".

Aseguran que se pretende "engañar a toda la sociedad con la mentira de que es necesaria una nueva Ley de Semillas para garantizar la investigación y la recuperación de las inversiones para las empresas biotecnológicas". .

"Frente a esto, las organizaciones representativas de la agricultura familiar, campesina e indígena, ratificamos el carácter de orden público del régimen legal de semillas y la función indelegable del Estado en materia de protección del derecho de los agricultores y solicitamos que una nueva normativa que garantice la participación de las organizaciones agrarias en la redacción de la Ley", concluyeron.

Fuente: Infonews


lunes, 13 de agosto de 2018

Multa millonaria a Monsanto por causar un cáncer terminal con glifosato de su herbicida

 
Dewayne Johnson, durante el juicio contra Monsanto (Reuters/Josh Edelson)

Dewayne Johnson, un jardinero norteamericano de 46 años, ha ganado un juicio histórico a Monsanto, una de las compañías agroquímicas más grandes del mundo


La compañía Monsanto, subsidiaria de la gigante alemana Bayer, ha sido condenada a pagar cerca de 300 millones de dólares a un jardinero, debido al cáncer terminal que sufre tras utilizar herbicidas de la marca que contienen glifosato.
Dewayne Johnson fue contratado en 2012 como jardinero en las escuelas públicas de Benicia, una pequeña localidad al norte de San Francisco. Durante el año que permaneció allí trabajando, usó los herbicidas Roundup y Ranger Pro, de la compañía Monsanto. Lo hacía cada 12 días, unas 30 veces en un año.


Dos años después un médico le diagnosticó un linfoma No Hodgkin, un tipo de cáncer que se desarrolla en los linfocitos. Tenía 42 años y comenzó a sufrir sarpullidos que llegaron, en ocasiones, a cubrirle el 80 por ciento de su cuerpo. En 2015 un estudio de la Agencia Internacional de Investigación contra el Cáncer, parte de la OMS, clasificó al herbicida Roundup, cuyo ingrediente principal es el glifosato, como potencialmente cancerígeno. Johnson comenzó a preparar su juicio.
Mientras, su mujer tuvo que conseguir dos trabajos y esforzarse durante 14 horas diarias para poder hacer frente a las facturas hospitalarias. Tras presentar la demanda, el médico de Johnson aseguró que era probable que su paciente no fuera a vivir más allá de 2020, por lo que el juicio se aceleró. Ahora, el jurado del Tribunal Superior de San Francisco ha fallado a favor del jardinero, que recibirá 250 millones de dólares por daños y 39 más como compensación.

Monsanto apelará el veredicto

La respuesta de la compañía no se ha hecho esperar y un portavoz ha asegurado que este fallo "no cambia el hecho de que más de 800 estudios y revisiones científicas respalden el hecho de que el glifosato no causa cáncer y no causó el cáncer del señor Johnson".

Bayer, propietaria de Monsanto desde el pasado mes de junio tras pagar 66.000 millones de dólares, asegura que los herbicidas que contienen glifosato son seguros: "Sobre la base de las conclusiones científicas, las opiniones de las autoridades reguladoras en todo el mundo y la experiencia práctica de décadas usando glifosato, Bayer está convencido de que el glifosato es seguro y no causa cáncer".
Para Monsanto, este puede ser el primero de miles de juicios por todo Estados Unidos, ya que se cree que entre cuatro y cinco mil personas estaban esperando el fallo del tribunal para presentar su propia demanda.

El glifosato, la polémica sustancia

El glifosato es uno de los ingredientes habituales en los productos de Monsanto, se usa tanto para el control de la maleza en áreas industriales como en jardines y zonas verdes, y lleva en el mercado desde 1974.

Tiene un efecto no selectivo sobre las plantas, por lo que la mayoría de ellas mueren cuando se aplica, y aunque está admitido en más de 100 países, otros lo han prohibido como Portugal, Italia o Sri Lanka. La Unión Europea tiene una licencia hasta 2022 que permite el uso del glifosato.
Desde que perdiera la patente en el año 2000, casi mil productos, sólo en Estados Unidos, utilizan esta sustancia.



viernes, 21 de abril de 2017

Monsanto, hallado culpable por daños a la salud y el ambiente, crímenes de guerra y ecocidio

 
En el Salón Illia del Senado se transmitió la lectura de la sentencia (Adrián Escandar)
El tribunal internacional popular que analizó en La Haya la historia de la multinacional Monsanto -comprada el año pasado por Bayer- encontró a la empresa culpable del delito de ecocidio, de crímenes de guerra, de violaciones de los derechos a un medio ambiente sano y equilibrado, a la salud y a la alimentación, y de quebrantar la libertad científica.
Monsanto, que desde principios del siglo XX ha comercializado productos altamente tóxicos, como el PCB, el 2,4,5-T, el herbicida Lasso y el famoso Roundup, elaborado a base de glifosato, fue sometida a un tribunal ético integrado por cinco prestigiosos jueces, entre ellos, la argentina Eleonora Lamm, subdirectora de derechos humanos de la Suprema Corte de Mendoza. Para ello, se utilizaron los mismos procedimientos que utiliza la Corte Penal Internacional de La Haya, pero la compañía se negó a participar.
La idea fue impulsada por más de mil organizaciones no gubernamentales de todo el mundo. Si bien el tribunal era simbólico, sus conclusiones empezarán a ser usadas en demandas a lo largo y ancho del planeta, y se usarán para intentar que se modifique el Estatuto de Roma y se incluya la figura del ecocidio.
Adrián Escandar
Quizás lo más esperado fue justamente la conclusión en torno a ese tipo penal, el ecocidio, un término que empleó públicamente por primera vez en 1970 el biólogo Arthur Galston, cuya investigación en el Departamento de Botánica de la Universidad de Yale condujo a la invención del agente naranja. La conclusión de los jueces no dejó lugar a dudas. "Si el delito de ecocidio se reconociera en el derecho penal internacional, las actividades de Monsanto posiblemente constituirían un delito de ecocidio en la medida en que causan daños sustanciosos y duraderos a la diversidad biológica y los ecosistemas, y afectan a la vida y la salud de las poblaciones humanas", advirtió el fallo.
El primer punto tratado en el fallo es si Monsanto vulneró el derecho a un ambiente sano y equlibrado, que es una precondición para el ejercicio de todos los derechos humanos. Para ello, los expertos analizaron testimonios de investigadores que detectaron casos de malformaciones en Argentina y Francia causadas por el glifosato, enfermedades renales crónicas por la aplicación de Roundup en Sri Lanka y la suba de las tasas de cáncer en Brasil. También se mencionó la pérdida de diversidad y fertilidad de los suelos, la contaminación de las explotaciones agrícolas con transgénicos, y las deficiencias de salud de los cerdos alimentados con plantas modificadas genéticamente.
Hubo más. Se habló de la falta de información a las comunidades, fundamentalmente indígenas, en todo el mundo, la contaminación producida por la canola transgénica en Australia y Canadá, la imposibilidad de obtener un buen rendimiento en los cultivos de algodón modificado genéticamente, los intentos de Monsanto de monopolizar el mercado de semillas en la India, la fumigación aérea de glifosato en la guerra fallida contra las drogas y la contaminación con glifosato de las fuentes de agua en la Argentina, muy estudiada en el caso del río Paraná.
Frente a semejante nivel de pruebas, la conclusión fue tajante. "Monsanto ha incurrido en conductas que tienen efectos graves y negativos en el medio ambiente y han afectado a innumerables personas y comunidades de muchos países, así como a la salud del propio entorno, con las consiguientes repercusiones en las plantas y los animales y en la diversidad biológica", estimó el tribunal.
El segundo punto a tratar, el derecho a la alimentación, llama la atención porque el combo "siembra directa + transgénicos + agroquímicos" fue presentado desde el minuto cero como la tríada que pondría fin al hambre en el mundo, algo que no sólo no ocurrió, sino que, según el fallo, el mundo siempre estuvo en condiciones de producir alimentos para todos apelando a la agricultura tradicional.
En este caso se tuvieron en cuenta las producciones de arroz de Sri Lanka, que se volvieron arenosas y redujeron su rendimiento "de forma significativa", y el ensañamiento con el monocultivo en ese país, donde en algunas comunidades se reintrodujeron exitosamente variedades tradicionales de mijo, sésamo, hortalizas, frutas y cereales con las que se obtuvieron mejores cosechas. Debido al daño causado por los agroquímicos, en 2015 se prohibieron el Roundup y otros cinco productos en ese país.
Pablo Rubino, uno de los que integraron la comitiva argentina que viajó a La Haya (Adrián Escandar)
El tribunal también destacó los "daños producidos en el suelo, en los nutrientes, que influyeron negativamente en las condiciones que requieren los cultivos, y en las corrientes de agua utilizadas para el mismo trabajo agrícola".
Además, tuvo en cuenta el testimonio de dos argentinos. Por un lado, el médico rosarino Damián Verzeñassi, quien señaló, en particular, que "donde anteriormente se habían producido alimentos, ahora había plantas transgénicas toxicodependientes que habían afectado a la producción lechera y ganadera". El otro es el productor Diego Fernández, que posee 150 hectáreas en Santa Fe y contó cómo lo afectó la producción de soja transgénica a partir de 1996, que cada vez requería un mayor uso de Roundup y desplazó al ganado. "Antes de la conversión del campo utilizaba 1 litro de Roundup por hectárea cada año; después de la conversión utilizaba entre 10 y 12 litros, lo que causó la compactación del suelo, la muerte de las raíces y una reducción de la actividad microbiológica. La compactación del suelo provocó también inundaciones porque el agua había dejado de filtrarse. Otra consecuencia que señaló fue la aparición de plantas invasivas resistentes a los herbicidas", recordaron los jueces. Hubo testimonios similares de agricultores de México, de la India, de Burkina Faso y de Bangladesh.
"Los testimonios citados revelan que, en todos los casos, se ha producido una vulneración del derecho a la alimentación de la que han sido víctimas los testigos y las comunidades, así como las personas mencionadas por los testigos", indicaron los jueces.
La afectación al derecho a salud fue posiblemente la más fácil de demostrar, ya que incluso hay jurisprudencia en varios países. En este punto fue muy sólida la exposición del médico Verzeñassi, quien dirige el Instituto de Salud Socioambiental, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario. El experto encabeza un proyecto titulado "Campamento sanitario" en cuyo marco se han realizado estudios en 27 localidades de cuatro provincias argentinas. Después de recopilar datos de 96.874 personas de dichas localidades, observó que en esas zonas hay altísimas tasas de una serie de enfermedades vinculadas al uso de cultivos de organismos modificados genéticamente y en la exposición al glifosato producido y comercializado por Monsanto.
Al respecto, los magistrados no sólo hicieron hincapié en los daños a la salud física, sino también la mental, y pusieron énfasis en los efectos perjudiciales del PCB, el glifosato y los transgénicos.
Otro tema que también se sintió de cerca en Argentina es la libertad indispensable para la investigación científica, una cuestión archiconocida por los ambientalistas en el país, a partir de las persecuciones que sufrió el fallecido médico Andrés Carrasco, luego de sus históricas investigaciones sobre los efectos del glifosato en animales vertebrados. En el Salón Illia del Senado, donde se siguió la transmisión de la lectura de la sentencia, hubo un cerrado aplauso una vez que se conoció el fallo y se invitó a su esposa, Alicia Massarini, a decir unas palabras.
Alicia Massarini (Adrián Escandar)
Varios testimonios, al decir del tribunal, coincidieron en que "Monsanto ha empleado de modo habitual tácticas deshonestas, engañosas y opacas para conseguir la aprobación de sus cultivos obtenidos por ingeniería genética y sus herbicidas asociados". La empresa está acusada de operar para desacreditar y paralizar las investigaciones científicas y debates que suponen una amenaza para sus intereses comerciales.
Algunas declaraciones fueron elocuentes, como la del paraguayo Miguel Lovera, quien trabajó en el Gabinete del ex presidente Fernando Lugo, y que habló de sobornos a funcionarios y calumnias a los que osaban criticar. Y en particular, dijo que tras el desplazamiento de Lugo, "el control reglamentario efectivo de los productos modificados genéticamente y de los herbicidas dejó de existir y Monsanto tuvo libertad para introducir algodón, maíz y trigo modificados genéticamente, a menudo con consecuencias desastrosas para los agricultores locales y poniendo en grave riesgo las semillas autóctonas". Hubo testigos similares de Francia, Canadá y Alemania, entre otros.
El último tema que se analizó fue si Monsanto fue cómplice de un crimen de guerra, ya que fabricó el Agente Naranja que los Estados Unidos utilizaron durante la contienda bélica en Vietnam. El tribunal aclaró que "no se ha presentado ante el Tribunal ninguna evidencia relevante", pero aun así concluyó que "habría que dar crédito a la hipótesis de que se disponía de pruebas pertinentes en relación con los hechos de que Monsanto", porque la empresa "proporcionó los medios necesarios para la campaña estadounidense en Vietnam; sabía cómo se utilizarían sus productos y tenía información sobre los efectos perjudiciales para la salud y el medio ambiente".
Adrián Escandar
FUENTE: INFOBAE

lunes, 10 de abril de 2017

Monsanto retira sus transgénicos de Europa, salvo España, Portugal y Rep. Checa



La firma Monsanto ha dado por perdida la batalla por la implantación de sus semillas transgénicas en Europa, en un gesto que demuestra cómo las movilizaciones ciudadanas pueden lograr significativas victorias frente a los grandes intereses económicos y políticos. Sin embargo, España, República Checa y Portugal son la excepción.
La firma aseguró que ha paralizado las actividades de promoción de sus semillas genéticamente modificadas en Europa, así como que tampoco tiene previsto solicitar permiso para la venta de nuevas plantas transgénicas en la región.
“No gastaremos más dinero para convencer a la gente para cultivarlas”, aseguró Brandon Mitchener, responsable de Public Affairs de Monsanto para Europa y Oriente Medio en una entrevista a Investigative Reporting Denmark.
El rechazo de productores agrarios y consumidores a los organismos modificados genéticamente debido a sus nocivos impactos sobre la biodiversidad, el medio ambiente y la salud a corto plazo y sus aún imprecedibles efectos a largo plazo, llevaron al gigante multinacional a involucrarse en ingentes inversiones en campañas de marketing, implantación, procesos judiciales y acciones de lobby para conseguir la aceptación de sus productos. El anuncio de su retirada supone un triunfo para todos los que han luchado contra su expansión.
Cabe recordar que en 2001, se promulgó en Europa la directiva de ‘Liberación intencional en el medio ambiente de organismos modificados genéticamente’ y en la mayoría de los países europeos estos productos estaban ya prohibidos. Entre ellos, Alemania, Francia, Grecia, Italia, Polonia, Luxemburgo, Bulgaria, Suiza, Austria, Irlanda y Hungría optaron por ser “zonas libres de transgénicos”. Sólo un 1% de todo el maíz cultivado en Europa es transgénico.
Con todo, Monsanto no es la primera empresa en fracasar en esta batalla. En 2012, Basf anunció la retirada de sus cultivos transgénicos en Europa, decisión que había tomado años antes Syngenta, por la presión de productores, consumidores y gobiernos.
España, o el reino europeo de los transgénicos
Sin embargo, la información publicada por el medio danés indica que Monsanto aplicará una excepción a la retirada de sus OMGs de Europa: aquellos países en los que cuente con apoyo de los agricultores o con respaldo político. Si tenemos en cuenta este último punto, tres son los mercados en los que la multinacional mantendrá y expandirá su actividad: República Checa, Portugal y España.
Mientras que en República Checa este tipo de cultivos están a la baja, en Portugal y España continúa su desarrollo. De hecho, la nación ibérica centra actualmente el 90% de la producción de maíz transgénico en Europa. A pesar de los recelos de agricultores y consumidores, el respaldo concedido a estos cultivos desde estamentos políticos y los intereses económicos han propiciado su expansión.
Los transgénicos son organismos modificados genéticamente (OMGs) en un laboratorio, mediante técnicas que consisten en introducir en un ser vivo genes que no pertenecen a su misma especie.
El nacimiento de este tipo de productos se presentó como un gran logro y generó grandes expectativas, anunciándose ante la sociedad como uno de los instrumentos para mejorar la calidad y cantidad de las cosechas, lograr alimentos para todos y acabar con el hambre en el mundo. Dos décadas después, no sólo no han contribuido a este objetivo, sino que se han revelado como un gran negocio para las compañías productoras, convirtiéndose en una de las principales amenazas para la agricultura tradicional, la biodiversidad, la soberanía alimentaria y la salud.
El monopolio de tierras, con la exclusión de pequeños agricultores, la desaparición de las semillas de cultivos tradicionales (que obliga a los campesinos a comprar las transgénicas año tras años), la contaminación de suelos y agua, la pérdida de fertilidad de la tierra, la resistencia a cierta plagas y la creciente dependencia de los productos de las multinacionales que los producen, son sólo algunos de los efectos ya visibles de los OMGs en todo el mundo, pero especialmente en amplias zonas de países en desarrollo.
Fuente:  foodnews
http://www.solucionesnaturales.es

Más en  Mapa de Cultivos Transgénicos en España

viernes, 2 de diciembre de 2016

La guerra de la soja (Documental TVE España)

Pulsar en la imagen para acceder a la página de RTVE y ver el documental completo
La soja transgénica es oro para la multinacional propietaria de la semilla, para los grandes productores y las empresas multinacionales que la exportan desde América Latina. Sin embargo, es un negocio muy discutido por muchos sectores que consideran que provoca muchos daños y deja pocos beneficios en los lugares donde se cultiva. Un equipo de 'En Portada' viajó hasta Argentina y Paraguay, dos países que junto con Brasil están entre los grandes productores y exportadores de soja transgénica del mundo.

martes, 22 de noviembre de 2016

Estados Unidos: Alarmantes niveles de glifosato en los alimentos de mayor consumo


Por Barbara H. Peterson / farmwars.info
Aunque no quiera ingerir glifosato, el herbicida más utilizado en todo el mundo fabricado por Monsanto, y conocido como Roundup, no va a poder evitarlo. Lo va a ingerir de todos modos.
Aquellos alimentos que se promocionan como sanos y nutritivos, incluso los considerados ecológicos y sin ingredientes transgénicos, contienen un ingrediente extra añadido por el gigante de la Industria Química y de la Agricultura Industrial, Monsanto, en su desayuno, en la comida, en su cena y cualquier otro alimento que tome entre comidas. Sí, es una cortesía de las Agencias de Regulación el que este herbicida esté omnipresente en nuestros alimentos, provocando una contaminación a gran escala y sin precedentes.
Historia del glifosato
Son 3 las patentes del glifosato: fue patentado por primera vez en 1964 por Stauffer Chemicalcomo un quelante de metales comercial que se utilizaba para limpiar o descalcificar las calderas y tuberías (2). El glifosato se une y elimina minerales como el calcio, magnesio, el manganeso, el cobre y el zinc, que son vitales para nuestra salud.
Las segunda patente fue presentada en 1974 por Monsanto para uso como herbicida (3). Monsanto afirma que el glifosato, que mata a las plantas al interrumpir la vía shikimato, no tiene ningún efecto sobre los seres humanos porque los mamíferos no disponen de la vía shikimato. Sin embargo, un reciente estudio revisado por pares (4) afirma:
“El glifosato inhibe la enzima citocromo P450 (CYP), algo que se ignora de su toxicidad para los mamíferos. Las enzimas CYP juegan un papel crucial en las funciones biológicas, una de las cuales es la de desintoxicar los xenobióticos (sustancias químicas extrañas). Por lo tanto, el glifosato aumenta los efectos dañinos de otros residuos químicos presentes en los alimentos y toxinas ambientales. El impacto negativo en nuestro organismo es persistente y se manifiesta lentamente con el tiempo, ya que la inflamación daña los sistemas celulares de todo el cuerpo”.
En el año 2003, Monsanto solicitó una nueva patente sobre el glifosato como antimicrobiano para el control de parásitos o como antibiótico (5). Esta patente se concedió en 2010. Se propone que el glifosato se utilice como un tratamiento contra las infecciones microbianas y el control parasitario de diversas enfermedades, como la malaria. Un estudio revisado en 2013 decía que el glifosato mata la flora intestinal beneficiosa de los pollos ya en cantidades tan bajas como 0,75 ppm (partes por millón) (6).
Justo lo que necesitamos para el desayuno
El informe publicado por Food Democracy Now y el Proyecto Detoxofrece un alarmante panorama de los alimentos contaminados, de los que probablemente nos alimentemos y se los demos a nuestros hijos.
Glifosato: inseguro en cualquier plato
Un destacado laboratorio de evaluación alimentaria registrado por la FDA ha encontrado niveles extremadamente altos de glifosato procedente de los herbicidas en los productos alimentarios de mayor consumo en los Estados Unidos.
El glifosato, ingrediente activo de Roundup de Monsanto, es el herbicida más utilizado en todo el mundo en la producción agrícola y alimentaria, como resultado de la adopción generalizada de los cultivos transgénicos, con más de 71 millones de hectáreas cultivadas en los Estados Unidas, y más de 440 millones de hectáreas en todo el mundo.
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En este mapa se muestra el aumento en la utilización de glifosato en los Estados Unidos, entre 1992 y 2014.
Los nuevos estudios científicos revelan daño probable para la salud humana, algo que podría ya producirse a niveles tan reducidos como 0,1 partes por mil millones. Los alimentos más consumidos fueron analizados para comprobar la presencia o no de glifosato, encontrándose entre 289,47 partes por mil millones hasta niveles tan altos como 1.125, 3 partes por mil millones.
Las pruebas y los análisis fueron realizados por Anresco Laboratories, de San Francisco, un laboratorio registrado por la FDA, que lleva realizando análisis alimentarios desde 1943. El laboratorio encontró que los productos más consumidos, por ejemplo, Cheerios, tenía un contenido en glifosato de 1.125, 3 partes por mil millones. Otros niveles también altos de glifosato se encontraron en las marcas Oreo, Doritos y Ritz Crackers, entre los 29 alimentos analizados.
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Actualmente, las Agencias de Regulación de Estados Unidos permiten la presencia de unos niveles muy altos de residuos de glifosato en los alimentos. El límite de la ingesta diaria admisible (IDA) está establecida en 1,75 mg/kg de peso corporal al día en los Estados Unidos, mientras que en la Unión Europea es de 0,3 mg/kg de peso corporal. Las tolerancias se han establecido mediante estudios patrocinados por las Empresas y la influencia ejercida por la Industria en el proceso de reglamentación.
La nueva investigación muestra que el herbicida Roundup causa daños en el hígado y los riñones de las ratas, como se refleja en los cambios en las funciones de 4.000 genes con una ingesta de sólo 0,05 partes por mil millones, lo que indicaría la producción de un daño.
Estudios adicionales han encontrado que niveles tan bajos como 10 partes por mil millones pueden tener efectos tóxicos en el hígado de los peces y causar daño significativo a los hígados y riñones de las ratas a 700 partes por mil millones, que es el nivel permisible de glifosato en el agua potable de los Estados Unidos.
Las evidencias científicas independientes y revisadas por expertos muestran que los daños en la salud humana podrían comenzar a niveles tan bajos de glifosato como 0,1 partes por mil millones.
Estos innovadores descubrimientos, que unos cereales de una marca emblemática en los Estados Unidos, contengan niveles tan altos como 1.125,3 partes por mil millones, debería suponer una llamada de atención para todas las personas respecto a los niveles inaceptables de residuos de plaguicidas en los alimentos. [En este sentido, puede consultarse el informe publicado recientemente por Ecologistas en Acción sobre la presencia de plaguicidas disruptores endocrinos en los alimentos de España: “Directo a tus hormonas: guía de alimentos disruptores”]. Estos hallazgos son especialmente preocupantes, ya que los últimos estudios científicos independientes, durante los cuales un equipo internacional de científicos ha reevaluado los mismos datos previamente utilizados por las Agencias de Regulación, solicitan una Ingesta Diaria Admisible (IDA) más baja, debiéndose fijar en 0,025 mg/kg de peso corporal por día, es decir, “doce veces inferior a la IDA establecida actualmente en Europa y 70 veces menor al nivel actualmente permitida por la EPA en los Estados Unidos”.
Es importante que las personas y los padres comprendan que la contaminación por glifosato no se puede eliminar por lavado y no se descompone al cocinar. Los residuos de glifosato pueden permanecer estables en los alimentos durante un año o más, incluso si los alimentos se congelan o procesan.
Las pruebas y análisis de realizaron a petición de FOOD DEMOCRACY NOW, en coordinación con THE DETOX PROJECT, que ha reunido evidencias científicas adicionales en todo el mundo e incluyendo un compendio de investigación independiente sobre el glifosato, en el que se recogen los análisis de Anresco Laboratories.
Basándose en esta nueva información, FOOD DEMOCRACY NOW está solicitando una investigación federal sobre los probables efectos nocivos del glifosato en la salud humana y el medio ambiente, y también solicita una investigación sobre las relaciones entre las Agencias de Regulación y la Industria, a raíz de la exposición a la que están sujetas las personas y considerando los niveles de glifosato que los científicos señalan como perjudiciales para la salud humana.
Visto en : Noticias de abajo

miércoles, 12 de octubre de 2016

Tres grandes empresas están a punto de controlar la mayoría de los suministros agrícolas del mundo

  • Si los reguladores de EEUU y la UE no lo frenan, tres empresas controlarán casi el 60% de las semillas, casi el 70% de los pesticidas y productos químicos para el cultivo de alimentos y casi todas las patentes de los transgénicos
  • "Estas nuevas mega-corporaciones van a expandir su poder y eliminar de la competencia a las pequeñas empresas locales", advierte un analista
 
Un campo de maíz en el cráter del extinto volcán Pululahua, en Ecuador. Jaime Giménez
Cuando un agricultor de la India planta sus cultivos de algodón, hay al menos un 75% de posibilidades de que las semillas las haya tenido que comprar a una empresa propiedad de Monsanto. Si un agricultor latinoamericano rocía insecticida a sus granos de soja transgénica, es más que probable que los productos químicos se los haya vendido la empresa farmacéutica alemana Bayer o la estadounidense Dupont. Y cuando un granjero africano le pone productos químicos a su campo de maíz, es muy probable que estos productos provengan de la empresa suiza Syngenta.
Hasta hace poco, seis o siete empresas agroalimentarias competían por el mercado de las semillas y los productos químicos. Pero si los entes reguladores de Estados Unidos y la UE permiten que se concreten una serie de fusiones, en pocos meses sólo tres empresas controlarán casi el 60% de las semillas del mundo, casi el 70% de los pesticidas y productos químicos necesarios para cultivar alimentos y casi todas las patentes de los alimentos transgénicos del mundo.
Las mega-fusiones que en este momento están analizando los gobiernos y la Unión Europea incluyen la compra por 59.000 millones de euros de Monsanto, la empresa de productos químicos, semillas y biotecnología de Estados Unidos, por la alemana Bayer; la intención de la empresa química estadounidense Dow de fusionarse con su rival, el conglomerado DuPont; y el plan de ChemChina de comprar el grupo suizo de semillas y genética Syngenta por 38.000 millones de euros.
Si tenemos en cuenta las fusiones de algunas de las empresas de fertilizantes más grandes del mundo, y las intenciones de las empresas de equipamiento agrícola más grandes del mundo de invertir en big data, robótica y tecnología agrícola, todos estos movimientos empresariales llevarán a la agricultura global a una nueva era.
Grupos antimonopolio, medioambientales y de consumidores de Estados Unidos, Europa y América Latina se han mostrado alarmados esta semana al advertir que las tres mega-fusiones podrían potencialmente concentrar el poder financiero y político de una forma muy peligrosa y obligarían a más países a adoptar un solo modelo agrícola que excluye y empobrece a los pequeños agricultores.
Con las semillas, los productos químicos, la investigación y el poder de presión política en manos de un pequeño grupo de empresas súper poderosas, dicen, los pequeños productores desaparecerían, se reduciría la competencia y los precios de los alimentos y los insumos agrícolas aumentarían.

Información genética crucial para el crecimiento

Dentro de poco se publicará un informe sobre la creciente concentración de poder en la industria agroalimentaria en el que el Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles (Ipes, por sus siglas en inglés) afirma que "está en camino una ola de consolidación corporativa sin precedentes".
"La concentración de nuevas tecnologías e información podrían llevar a que tres empresas controlen el 60% de las semillas y el 70% de los agroquímicos a nivel mundial, en un oligopolio de gran alcance. Significaría un cambio histórico y global en lo que respecta al acceso a insumos agrícolas y haría vulnerable todo el sistema de cosechas y ganado por su uniformidad", asegura un borrador del informe al que ha tenido acceso the Guardian.
La consolidación de la que habla el informe se refiere a que cada una de las tres grandes corporaciones tendrá acceso a grandes bancos de información genética que son cruciales para el crecimiento en lugares como el África sub-sahariana, que sufren escasez de alimentos y tienen una población en crecimiento.
"Las fusiones permitirán que las empresas farmacéuticas y agrícolas se conviertan en empresas de big data", explica Catherine Wood, CEO de Ark Investment Management. "Cuando se secuencia un genoma humano o una semilla, lo que se obtiene es información".
Olivier De Schutter, antiguo relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación y copresidente de Ipes, señala que las fusiones harán que los países en desarrollo se conviertan aún más en objetivos para la agricultura corporativa.
"La frontera de la agricultura industrial se está moviendo hacia el África sub-sahariana. Allí hay un gran mercado y las empresas semilleras dicen que crecerá aún más en los próximos años".
"Estarán en una posición dominante en el mercado. África sub-sahariana se está convirtiendo en el campo de batalla de las grandes corporaciones", indica De Schutter.
Colin Hamilton es el jefe de investigación sobre bienes de consumo en el banco Maquarie, en Londres. "Estas fusiones muestran cómo las corporaciones buscan el avance tecnológico y la mejora de las cosechas", opina Hamilton. "China produce la mitad de maíz que Estados Unidos, así que quiere ponerse al día. Quiere tecnología de Syngenta".

Los jóvenes ya no quieren campo

Parte del cambio de la consolidación corporativa y del sistema agrícola estadounidense basado en la ingeniería genética está generado a su vez por cambios demográficos y tecnológicos. "La mayoría de los agricultores en países como China son mayores de 50 años. Los jóvenes ya no quieren trabajar en el campo".
El grupo de vigilancia tecnológica y agrícola ETC argumenta que el furor ya no se limita a adquirir semillas y pesticidas, sino a controlar los insumos agrícolas y la seguridad alimentaria a nivel mundial.
"Los entes regulatorios anti-monopolios deberían prohibir estas fusiones en todo el mundo, y especialmente en mercados emergentes del hemisferio sur, ya que estas nuevas mega-corporaciones van a expandir su poder y eliminar de la competencia a las pequeñas empresas locales", afirma Pat Mooney, director de ETC, un grupo que supervisa los negocios y las tecnologías agrícolas mundiales.
Mooney dice que las fusiones responden al deseo de las corporaciones de controlar el big data y el acceso a las patentes, los transgénicos y la propiedad intelectual.
"Estos acuerdos no son sólo sobre el control de las semillas y los pesticidas, sino también sobre quién controlará el big data en la agricultura. Las empresas que puedan controlar la información sobre las semillas, la tierra y el clima y calculen nueva información genómica tendrán inevitablemente el control sobre los insumos agrícolas: semillas, pesticidas, fertilizantes y maquinaria".
"El control lo tendrán las grandes corporaciones que manejen mejor la información y el ADN en beneficio propio", explica.
Las fusiones han hecho sonar las alarmas en América Latina, y preocupan porque producirán aumentos de precios, más privatización de la investigación y presión política, afirma Silvia Ribeiro, directora de la oficina de asuntos latinoamericanos de ETC en México.
"Estas grandes corporaciones presionan para que nuestros países tengan leyes y normativas que les permitan dominar el mercado, aplastar los derechos de los pequeños agricultores e ilegalizar las semillas campesinas", señala.

Precios más altos, mayor empobrecimiento

"Todas juntas, estas fusiones van a modificar el mundo agrícola, probablemente elevando los precios para productores y consumidores de todo el mundo", advierte Adrian Bebb, responsable de alimentación, agricultura y biodiversidad de Amigos de la Tierra Europa, que describió la fusión de Monsanto y Bayer como un "matrimonio infernal".
Al concentrarse el control del mercado y el acceso a las semillas y la tierra entre unas pocas corporaciones, Bebb dice que millones de pequeños agricultores en países en desarrollo se empobrecerán: "Desde África y Asia hasta América Latina y Europa, el control corporativo de los mercados y las cadenas de suministros está desplazando a millones de pequeños productores agrícolas". Cree que "esta dinámica ha generado uno de los índices más altos de pobreza y hambre entre pequeños productores de alimentos y comunidades rurales de todo el mundo".
Bebb y otros argumentan que las fusiones no buscan resolver el hambre mundial. "Las investigaciones han demostrado que el hambre en el mundo no es un problema de abastecimiento, sino de pobreza, de ausencia de democracia y de acceso desigual a la tierra, el agua y otros recursos, especialmente para las mujeres.
Para evitar que unas pocas empresas controlen absolutamente el abastecimiento mundial de alimentos, se debería invertir mucho dinero en agricultura de bases, afirma.
"Los pequeños agricultores son la columna vertebral del abastecimiento alimentario del mundo. Representan al 90% de los agricultores de todo el mundo y proveen más del 80% de los alimentos consumidos por los países en desarrollo, especialmente en Asia y el África sub-sahariana", explica Bebb.
La lucha por detener las fusiones no sólo está en manos de entes regulatorios. Poderosos movimientos agrícolas en muchos países en desarrollo, aterrorizados por el inmenso poder que tendrían las corporaciones, planean llevar sus preocupaciones a la ONU y a las conferencias internacionales que se llevarán a cabo en los próximos meses en Indonesia, México y otros lugares del mundo.
Una de las convocatorias más importantes será el mes que viene en Roma, donde se reunirá el comité sobre seguridad alimentaria mundial de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura.
"Prácticamente todos los gobiernos del mundo, las organizaciones y muchas de las empresas agrícolas estarán reunidos en el mismo lugar durante una semana, tratando temas de la seguridad alimentaria. Va a haber mucha gente enfadada intentando detener estas fusiones", asegura Ribeiro.

Por John Vidal para The Guardian - Traducción de Lucía Balducci, eldiario.es
 

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